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Un equipo de cuatro científicos del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) y el Centro Internacional de Investigación  Agroforestal (ICRAF) ─, organizaciones líderes en ciencias forestales que se han funcionado,─ presentó soluciones en la práctica para avanzar con la restauración de ecosistemas en el mundo en el reciente Global Landscapes Forum de Nueva York .

Susan Chomba, responsable del proyecto Regreening Africa (Reverdeciendo África) que involucra a ocho países y es financiado por la Unión Europea, comenzó  señalando que el Desafío de Bonn tiene el objetivo de restaurar 350 millones de hectáreas de tierras degradadas a nivel mundial, pero que solo en África existen al menos 700 millones de hectáreas que necesitan restauración. Frente a esta realidad, la investigadora preguntó cómo podemos acelerar la restauración.

En respuesta, ella desmitificó tres afirmaciones sobre la restauración de tierras. La primera es que hay una única solución que puede funcionar para todos los casos. “No la hay”, explicó, y aseguró que “la restauración necesita diversidad”.

“En las tierras áridas, en ámbitos culturales variados, la conservación del suelo y el agua deben implementarse de maneras diferentes”, manifestó Chomba. “También se necesita capacitación en técnicas de injerto de árboles, pues los plantones injertados crecen mucho más rápido que aquellos que no lo son. Si los árboles crecen rápido y pueden ser talados antes, se mantendrá el interés de los agricultores”.

Además, expresó que “la regeneración natural gestionada por los agricultores también es una técnica importante, especialmente en las tierras áridas donde las tasas de supervivencia son frecuentemente bajas, pues la restauración no se trata solo de plantar árboles sino de un conjunto de actividades”.

El segundo mito es que mientras se planten millones de árboles a mano o con drones, estaremos bien. “Pero, nuevamente, no se trata de tecnología, sino de personas”, enfatizó Chomba. “La restauración se trata de sus necesidades y los beneficios que obtendrán en lugar de imponerles una carga. Debe existir balance entre la cantidad de trabajo invertida en la restauración y los beneficios que resulten de ella. La respuesta está en las propias comunidades locales. Debemos trabajar juntos, científicos y agricultores”.

Por su lado,  el científico Daniel Murdiyarso de CIFOR intervino preguntándole a la audiencia si se sentía triste (“azul”, según una expresión en inglés) debido a todas las malas noticias para luego ofrecer un antídoto: una “inmersión profunda” en los ecosistemas de carbono azul, que son las praderas submarinas, los manglares y las marismas.

“Son ecosistemas muy especiales que no fueron considerados como parte del estado del clima hasta 2013, cuando el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático elaboró directrices para los humedales”, indicó Murdiyarso. “Estos ecosistemas no abarcan mucha área realmente, pero en combinación almacenan cerca de 20 mil millones de toneladas de carbono y lo hacen 20 veces más rápido que los bosques tropicales. Por lo tanto, son ecosistemas claves”.

Pocos países han mencionado el carbono azul en sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDCs, por sus siglas en inglés) para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, sin embargo, la ciencia puede extender sus horizontes a medida que el conocimiento sobre el carbono azul mejora. Se espera que más países incluyan los ecosistemas de carbono azul en sus NDC revisadas.

“Un cuarto de los manglares del mundo está en Indonesia, donde vivo y trabajo”, dijo Murdiyarso. “Si los conservamos, sería el equivalente a eliminar las emisiones anuales de 40 millones de carros en las pistas”.

Según el científico de CIFOR, el ecoturismo en estos ecosistemas tiene un enorme potencial para generar ingresos que permitan conservarlos.

Mientras mostraba fotografías de primates y aves acuáticas en peligro de extinción, señaló que proteger los ecosistemas de carbono azul era crítico para su supervivencia y que sin ellos los animales ni el ecoturismo existirían.

La acuicultura fue otra opción presentada. Los manglares restaurados y saludables asegurarían la producción de pescado y los medios de vida de las comunidades que pescan. Citando un informe reciente de la Global Commission on Adaptation (Comisión Mundial sobre Adaptación), Murdiyarso resaltó que una de las opciones de adaptación -invertir en la restauración de los manglares- conducirá a mayores beneficios debido al alto valor económico de los servicios que brindan estos ecosistemas, como su función de amortiguadores costeros frente a las mareas producidas por las tormentas.

Leigh Winowiecki, científica especializada en suelos del ICRAF, discutió la importancia de usar la información para hacer seguimiento de las actividades de restauración en el tiempo. Al hablar del poder de las redes que se basan en datos, las cuales permiten que los países monitoreen y mejoren la implementación de sus NDC y estrategias de restauración, Winowiecki destacó que esto también “nos permitiría dar un paso adelante y ofrecer nuestros propios compromisos como individuos”.

Implementar la restauración todavía requiere priorización, afirmó. Entonces, ¿cuáles son los indicadores principales para seguir su progreso y éxito?

Ella explicó que un equipo de ICRAF había desarrollado el Land Degradation Surveillance Framework (Marco de Vigilancia sobre la Degradación de la Tierra, LDSF por sus siglas en inglés) para monitorear la salud de los ecosistemas a nivel global. El equipo publicó recientemente una evaluación mundial sobre la prevalencia de la erosión del suelo.

“Con el uso de los datos recolectados con el LDSF podemos acercarnos para ver los puntos críticos de erosión desde el nivel mundial hasta el nacional, incluyendo los niveles de parcela y de hogar, a una resolución de 10-30 m”, detalló Winowiecki. “El marco nos permite evaluar indicadores múltiples al mismo tiempo para entender la complejidad de los ecosistemas. Por ejemplo, se puede medir el carbono orgánico del suelo, indicador clave de la salud de la tierra, así como los cambios en la cubierta vegetal en el tiempo. Esto ilustra la gran diferencia de esta Década en comparación con todas las anteriores: tenemos información para evaluar, monitorear y hacer seguimiento de los logros”, dijo.

Por su parte, Himlal Baral, investigador de CIFOR, se enfocó en explicar el potencial de la producción de bioenergía en los sistemas agroforestales.

“La bioenergía presenta una oportunidad para restaurar varios tipos de tierras degradadas”, añadió y resaltó el caso de las tierras de turberas degradadas. “Con el uso de sistemas que incorporen árboles para ser usados en biocombustible y cultivos para alimentación, las tierras de turberas degradadas pueden ser restauradas para una variedad de usos: económicos, medioambientales y sociales”.

Luego inquirió si el mundo tenía tierra suficiente para plantar cultivos para producir bioenergía y si el suministro de alimentos no sería afectado ni se reemplazarían los bosques.  Según Baral, hay entre uno y seis miles de millones de hectáreas de tierras degradadas que podrían ser apropiadas para producir alimento, bioenergía, biomaterial y servicios ecosistémicos. Sobre ello, indicó que no siempre se necesita cortar los árboles para generar biomasa, sino que se puede usar las semillas.

“La producción de bioenergía puede fortalecer los incentivos económicos para que el sector privado y los grupos comunitarios asuman la restauración”, manifestó.

Pero al buscar el financiamiento privado y público para restaurar tierras, Baral subrayó que respetar los derechos de las personas es de suma importancia.

Es importante seguir las cuatro reglas de la restauración: los cultivos adecuados para el paisaje adecuado, un modelo empresarial que funcione y con respeto a los derechos”.

Es importante seguir las cuatro reglas de la restauración: los cultivos adecuados para el paisaje adecuado, un modelo empresarial que funcione y con respeto a los derechos”

Himlal Baral, investigador de CIFOR.

Ravi Prabhu, subdirector general de ICRAF, comentó que los cuatro puntos podían resumirse en tres mensajes clave.

Lo primero es aceptar la complejidad. “Einstein dijo que ‘Todo debería hacerse tan simple como sea posible pero no más simple’”, señaló Prabhu. “Si bien las soluciones científicas son complejas, también son prácticas y viables”.

Lo segundo es que tanto la restauración y la adaptación son trayectos y no destinos. “Vamos a estar haciendo esto por generaciones mientras nos adaptamos a los cambios y continuamos la restauración”, afirmó. “Basemos nuestras decisiones en la ciencia para que el camino sea más llano”.

Lo tercero es: estamos demasiado cómodos. Nos estamos hablando a nosotros mismos. Debemos ampliar las discusiones para que todos podamos actuar juntos. “Howard Shapiro, consejero científico de Mars Ltd, me recordó que necesitamos alianzas poco comunes para lograr el objetivo de revertir el calentamiento global”, relató Prabhu. Su mensaje deja en claro qué debemos hacer: salgamos y hagamos alianzas con la ciencia, la evidencia y el deseo de dejar de lado nuestra comodidad.

 Publicado originalmente en World Agroforestry (ICRAF)

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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