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La conservación y el manejo sostenible de las turberas debe ser una prioridad para la salud y el bienestar de las comunidades

Países ricos en turberas destacan esfuerzos en curso para su conservación y restauración
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Casa bote en el lago Sentarum, Kalimantan, Indonesia. Yayan Indriatmoko/CIFOR

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Las turberas de Indonesia suelen estar sometidas a incendios frecuentes, y en los últimos tiempos se han vuelto más vulnerables debido a patrones climáticos erráticos relacionados con el cambio climático, la deforestación y las repetidas quemas.

En la reciente transmisión digital del Global Landscapes Forum (GLF) realizada desde Bonn, Alemania, un grupo de expertos debatieron sobre la necesidad urgente de apuntalar el potencial de estos ecosistemas frágiles, que son importantes sumideros de carbono y constituyen la base de las iniciativas de seguridad alimentaria en todo el archipiélago Surasiático y alrededor del mundo.

En una vuelta al pasado, se recordó a los delegados que, en 2015, los devastadores incendios que se extendieron por grandes áreas de Indonesia produjeron un enorme impacto que puso en riesgo sistemas alimentarios, medios de vida y hábitats.

Millones de hectáreas de turberas que habían sido previamente drenadas y despejadas para la agricultura mediante técnicas de cultivos itinerantes —también conocidos como cultivos migratorios o, anteriormente, de “roza y quema”— entraron en combustión y desencadenaron incendios que ocasionaron daños por miles de millones de dólares.

El medioambiente se vio afectado tanto a nivel local, por los daños a los ecosistemas de turberas, como mundial, por las toneladas de dióxido de carbono liberadas a la atmósfera, que en ciertos días superaron incluso las emisiones diarias promedio de los Estados Unidos.

Estos incendios sin precedentes de 2015-2016 dejaron muy en claro la interrelación existente entre el medioambiente y la salud humana cuando el humo y la bruma a la deriva propagaron la contaminación por todo el sudeste asiático, lo que ocasionó daños económicos totales por más de USD 16 000 millones, afectó a 43 millones de personas y produjo la hospitalización de 550 000 personas y 24 muertes, según varios informes.

A partir de estas cenizas, comunidades locales, funcionarios gubernamentales, científicos y conservacionistas en Indonesia trabajaron juntos para desarrollar un plan más sostenible para las turberas.

Al mismo tiempo, un conjunto de socios globales, ubicados desde África Central hasta el Perú, se reunieron en apoyo de Indonesia y conformaron la Iniciativa Global por las Turberas (GPI por sus siglas en inglés). Además, resolvieron mejorar la gestión de las turberas, que son los ecosistemas con mayor concentración de carbono del planeta.

Cuando están húmedas y saludables, las turberas son sumideros de carbono vitales formados por capas de vegetación descompuesta comprimidas en el suelo húmedo a lo largo de muchos siglos.

La GPI se ha dedicado a aumentar la sensibilización sobre la importancia ambiental y socioeconómica de estos paisajes únicos.

Sin embargo, las comunidades que viven en las turberas y sus alrededores siempre han sabido lo especiales que son.

GLOBALIZARSE

“Por medio de las turberas, esperamos mejorar la economía y el bienestar de las personas”, dijo Gerard Bondeko, coordinador de comunidades de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre en la República del Congo, al hablar sobre este tema como panelista del GLF.

En particular, se refirió al papel de la agricultura de subsistencia a pequeña escala en zonas húmedas en la Cuvette Centrale, un área de más de 145 000 kilómetros cuadrados de turberas en la cuenca del río Congo. Allí, los pequeños propietarios cazan, pescan y plantan mandioca (yuca) y plátanos en el suelo anegado de las turberas en lugar de drenarlo o despejarlo. Bondeko dijo que estos modelos de uso de la tierra empoderan a las personas del lugar para la conservación de las turberas.

Roch Germain Mpassi-Moumpassi, director general de desarrollo sostenible del Ministerio de Turismo y Medioambiente de la República del Congo, agregó que las disposiciones regulatorias para la protección del medioambiente y los recursos naturales sostenibles son importantes para respaldar a las comunidades que viven en turberas.

En reconocimiento de esta necesidad, Mpassi-Moumpassi colaboró en la redacción del borrador de la Declaración de Brazzaville sobre las Turberas, suscrita a la par de la tercera reunión de socios de la GPI en 2018 por la República Democrática del Congo (RDC), la República del Congo e Indonesia. Mediante esta declaración, los tres países se comprometieron a trabajar de manera conjunta para proteger y conservar mejor las turberas transfronterizas de la Cuvette Central, cuyo suelo húmedo almacena el equivalente a tres años de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

“Tenemos que centrarnos tanto en lo que es importante para la naturaleza como en lo que es importante para las personas”, dijo Jean Jacques Bambuta, coordinador nacional para turberas de la RDC, quien ha estado trabajando junto con otras partes interesadas en un plan nacional para la implementación de la Declaración de Brazzaville en su país.

La Unidad de Turberas de la RDC es la primera de su tipo en el mundo. Bambuta concluyó su participación señalando que en la República Democrática del Congo los formuladores de políticas son conscientes de que una política a favor de las turberas debe vincular su protección con la mejora de este ecosistema. “Para nosotros, la pregunta más importante es qué oportunidades puede brindar la conservación de [estas] turberas para la naturaleza y [para nuestros] pueblos”, dijo.

Desde los incendios de 2015, las comunidades en recuperación de la provincia indonesia de Riau, en la isla de Sumatra, utilizan técnicas de cultivos itinerantes para implementar sus propias prácticas sostenibles.

En el GLF, representantes de aldeas localizadas cerca de Dompas compartieron las experiencias de su participación en la Iniciativa Comunitaria de Prevención de Incendios y Restauración de Turberas, que cuenta con el apoyo del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR). Los habitantes de la aldea han implementado el enfoque 3-R: rehumectación, revegetación y revitalización de la comunidad.

“Esperamos [poder] desarrollar nuestra aldea y convertirnos en un ejemplo para otras personas y para el bienestar de nuestra gente”, dijo uno de los representantes de las aldeas.

Los pequeños agricultores también han recibido capacitación en paludicultura (agricultura en zonas húmedas) y manejo ambiental. La producción sostenible de pescado, una fuente esencial de proteínas también ha sido importante para la seguridad alimentaria y como fuente de ingresos para las comunidades de turberas.

“Los recursos pesqueros son importantes para la seguridad alimentaria, por lo que las turberas deben mantenerse como humedales”, dijo Zulaili Isnaini Habib, profesora de Antropología de la Universidad de Riau, y explicó que para la captura de los peces se utilizan métodos tradicionales y respetuosos con el medio ambiente.

Alue Duhong, viceministro del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de Indonesia, señaló que los beneficios de la restauración de turberas se extienden mucho más allá de la agricultura.

“Indonesia es muy rica en naturaleza y biodiversidad, y los hábitats de turberas son muy importantes para preservar la excepcional vida silvestre con la que contamos, como osos malayos, orangutanes, elefantes y rinocerontes”, dijo.

La sesión destacó que las personas, tanto a nivel local como global, dependen de las turberas para su supervivencia, ya que los servicios ecosistémicos que brindan son fundamentales no solo para el sistema climático global, sino también para la calidad y cantidad del agua.

“Necesitamos mantener alto el nivel de la capa freática para poder plantar diversos cultivos de humedal que aumenten el almacenamiento de carbono, combinado con agroforestería y restauración forestal”, dijo Duhong. “Nuestro próximo gran desafío es aumentar la escala. Pero, si lo logramos, será beneficioso tanto para el desarrollo como para el medio ambiente”.

Los muy diversos beneficios de los ecosistemas de turberas saludables se han convertido en un elemento central de los proyectos que incentivan a las personas a protegerlos, en un momento de gran inseguridad alimentaria y otros desafíos económicos.

Las turberas húmedas y en buen estado albergan una biodiversidad única y amenazada, ayudan a filtrar contaminantes, regulan los flujos de agua, reducen los incendios forestales y almacenan entre el 30 y 40 por ciento del carbono del mundo. Mantenerlas en buen estado y en funcionamiento será un factor clave para un futuro climático saludable y limitará las emisiones de gases de efecto invernadero que se producen cuando son drenadas o se degradan.

Las turberas peruanas también fueron parte del debate durante el evento del GLF. Gracias su diversidad, brindan importantes servicios ecosistémicos desde la Amazonía hasta los Andes.

“Las turberas sostienen a las comunidades indígenas en la selva baja amazónica, y en los Andes son importantes para el ciclo del agua y como [fuente de] recursos para las comunidades locales”, dijo Gabriel Quijandría, viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente del Perú. “Incluso proporcionan agua para ciudades grandes como Lima”.

Perú está trabajando hacia la creación de un nuevo paradigma para la conservación y el manejo sostenible de las turberas, dijo Quijandría.

Las comunidades en Perú están superando los enfoques tradicionales centrados en la producción no sostenible de productos básicos y dedicándose a la gestión sostenible de aguaje en la Reserva Nacional Pacaya Samiria junto con socios del sector privado.

“La producción de jugo de aguaje está alineada con las prioridades nacionales de los países sobre el cambio climático y la biodiversidad y al mismo tiempo respalda una gestión comunitaria efectiva del área protegida, un verdadero enfoque innovador con múltiples beneficios”, dijo Quijandría.

A pesar de estos aspectos positivos, subsisten muchos desafíos para garantizar que las turberas no sufran más degradación o destrucción, dijeron los panelistas.

SENTAR LAS BASES

La agricultura sostenible en turberas es limitada y, en términos del terreno, la elevada acidez y el bajo nivel de nutrientes del suelo de turberas lo hacen totalmente inadecuado para la mayoría de los tipos de agricultura. Otro problema es el hundimiento y la pérdida de tierras, que ocurre cuando se drenan las turberas, lo que a menudo trae como consecuencia inundaciones costeras y salinización, lo que convierte a estas áreas en lugares irreparables, improductivos y abandonados.

Mientras tanto, la intensificación del cambio climático contribuye a sequías prolongadas y un clima más seco en algunas regiones, y a situaciones de inundación en otras.

La conservación y el manejo sostenible de turberas deben ser una prioridad para la salud y el bienestar a largo plazo de las comunidades que dependen directamente de ellas, y para la comunidad mundial, que depende de ellas por los servicios vitales que proporcionan.

Para el manejo sostenible y la conservación de las turberas se necesitan nuevos modelos de desarrollo que deben ser específicos al contexto y estar vinculados a las iniciativas para la inclusión de “empleos verdes”, mientras nos esforzamos por reconstruir mejor las cosas después de la epidemia de COVID-19.

Los delegados también debatieron sobre el tema del coronavirus, y Duhong destacó que hoy existen nuevas presiones sobre las personas y el medioambiente.

“Con la pandemia, el Gobierno de Indonesia reconoce que debe ser muy cuidadoso en lo que respecta a los alimentos que necesitan las comunidades al mismo tiempo que maximiza la restauración del ecosistema”, dijo. “Indonesia está tratando de equilibrar el desarrollo y la protección del medioambiente e implementando prácticas sostenibles que promuevan medios de vida alternativos”.

Estos son pasos fundamentales que ayudarán a Indonesia y su gente a “reconstruir mejor”, luego de los cierres debidos a la pandemia de COVID-19.

Como parte de estos esfuerzos, se necesita más apoyo para desarrollar buenas prácticas, aumentar la toma de conciencia pública, asegurar el financiamiento para la implementación de programas y garantizar sólidas políticas públicas y reglamentos que permitan la conservación de las turberas.

“Estamos aún en las primeras etapas [del proceso] de comprender cuán exitosos podemos ser en la restauración de los ecosistemas de turberas tropicales”, dijo Susan Page, profesora de Geografía Física en la Universidad de Leicester.

“Tenemos que restaurar la condición hidrológica, el control de incendios (en especial en el sudeste asiático) y debemos tomar en cuenta a las numerosas comunidades que viven en las turberas o sus alrededores. Los proyectos con un enfoque holístico para proteger las turberas y brindar medios de vida alternativos son el camino para avanzar”.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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