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REDD+: El camino, a veces sinuoso, hacia el cambio transformacional

Diez años después ¿ha logrado REDD+ sus objetivos previstos? El libro “Transformando REDD+: lecciones y nuevas direcciones” analiza una década de experiencia y evidencia.
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En sus primeros 10 años de existencia, REDD+ ha despertado gran entusiasmo y esperanza por el logro de una transición mundial que nos aleje de las prácticas que ponen en riesgo los bosques tropicales y nos lleve a una mitigación permanente de los efectos del cambio climático. A pesar del escaso financiamiento y de desafíos inesperados, REDD+ está comenzando a concretar su potencial, aunque más lentamente que lo esperado.

Un nuevo libro, Transforming REDD+: Lessons and new directions (Transformando REDD+: lecciones y nuevas direcciones, o REDD+ transformador: lecciones y nuevas direcciones), presentado durante la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), celebrada este año en Katowice, Polonia, hace un balance de los esfuerzos realizados hasta el momento, a diversas escalas, para reducir las emisiones provenientes de la deforestación y la degradación de los bosques y mejorar las reservas forestales de carbono (REDD+).

REDD+ surgió a la escena mundial en la COP de la CMNUCC de 2007 en Bali, Indonesia, con la promesa de tender puentes hacia una economía neutra en emisiones de carbono, de una manera rápida, fácil y económica.

“REDD+ no ha seguido la ruta de A a B que tenía planificada, es decir, proporcionar incentivos directos a los países en desarrollo ricos en bosques para promover la mitigación del clima desde el sector de uso de la tierra y los bosques”, dice Arild Angelsen, profesor de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida y asociado principal del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR). “Pero podemos obtener muchas lecciones de su recorrido hasta ahora”.

¿Por qué REDD+ no resultó como se esperaba? Una de las razones principales es la falta de financiamiento, específicamente el hecho de que los pagos por resultados, que recompensan a los países en desarrollo a cambio de mantener y/o mejorar sus reservas de carbono forestal, no han sido la fuerza impulsora que debieron ser. REDD+ estaba destinado a convertirse en parte integral de un mercado global de carbono, pero este mercado nunca se materializó. En lugar de ello, la mayor parte de sus fondos llegan en forma de ayuda para el desarrollo y provienen de un pequeño grupo de países donantes, y una gran parte de los costos requeridos para poner REDD+ en acción están siendo asumidos por algunos países en desarrollo.

“También [ocurre que] hay muchas ideas diferentes, en ocasiones discrepantes, sobre REDD+”, dice Christopher Martius, coordinador del Estudio Comparativo Global sobre REDD+ (GCS REDD+ por sus siglas en inglés) y uno de los coeditores del libro. “Hacer una distinción entre REDD+ como el resultado (reducción de emisiones) y REDD+ como el marco específico (las actividades) para lograr dicho resultado, podría aclarar buena parte de la confusión”.

SIGNOS VITALES

Muchos observadores se preguntan ahora si REDD+ ha logrado sus objetivos previstos de reducir la deforestación y la degradación de los bosques o si ha mejorado los medios de subsistencia locales y la gobernanza forestal.

Para responder estas preguntas, los autores realizaron un análisis basado en 10 años de investigación y casi 500 publicaciones científicas del GCS REDD+, y examinaron también la literatura más general, las contribuciones de los socios y los debates sobre políticas a nivel mundial, nacional, subnacional y local.

Gracias a que existen más de 350 proyectos y programas de REDD+ en curso, hoy se cuenta con datos suficientes (aunque distan mucho de ser perfectos) para sacar conclusiones iniciales sobre el tipo de impacto local que las iniciativas de REDD+ han tenido sobre los bosques y las comunidades.

“En resumidas cuentas, son resultados limitados y mixtos”, dice Amy Duchelle, coeditora de la publicación y científica principal de CIFOR, quien lidera la investigación sobre iniciativas subnacionales del GCS REDD+. “Los hallazgos de los pocos estudios existentes sobre el carbono forestal y los resultados del uso de la tierra son moderadamente alentadores. Los impactos de REDD+ sobre el bienestar son mixtos, pero tienen mayor probabilidad de ser positivos cuando se incluyen incentivos.

Y aunque ha habido un cierto avance en lo que respecta a la tenencia de la tierra y los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales, las acciones a nivel local requieren más apoyo de políticas nacionales para ser efectivas”.

Las políticas de conservación forestal nacionales y subnacionales han mostrado algunos impactos positivos en los bosques, pero ningún instrumento de política específico destaca como una “solución milagrosa”.

Para lograr la transformación de REDD+, deben estar presentes una serie de condiciones propicias, como el compromiso político, la apropiación nacional, la toma de decisiones inclusiva y el financiamiento basado en resultados.

Las contribuciones determinadas a nivel nacional de muchos países al Acuerdo de París de 2015 de la ONU, y las iniciativas nacionales para el desarrollo sostenible, como las estrategias de crecimiento verde, reconocen la importancia de los bosques para la mitigación del cambio climático. Sin embargo, como señala Pham Thu Thuy, coeditora del libro, así como científica y directora de país de Vietnam de CIFOR, estas políticas e iniciativas verdes no lograrán sus objetivos previstos si no cuentan con políticas y medidas claras y efectivas para abordar los factores que impulsan la deforestación y degradación.

¿Y AHORA QUÉ?

Los autores muestran que REDD+, que alguna vez fue concebido como una herramienta para el cambio transformacional, ha terminado más bien transformándose. Señalan que aunque REDD+ haya evolucionado hasta convertirse en una diversidad de intervenciones, y aunque las partes interesadas puedan discrepar en su visión de cómo se está dando dicha evolución, todos concuerdan en que los objetivos centrales no deben alterarse ni atenuarse de manera sustancial.

“Es poco probable que el planeta pueda alcanzar los objetivos de [mantener el aumento de la temperatura en] 1.5 °C o incluso 2 °C sin una enorme reducción de las emisiones provenientes de la deforestación y degradación de los bosques y un aumento de las reservas de carbono forestal”, escriben los autores.

Para que REDD+ sea un “remedio” efectivo para la “enfermedad” de la deforestación y degradación de los bosques, tendrá que adaptarse mejor a la nueva arquitectura mundial contra el cambio climático, a políticas globales en constante cambio y a la diversidad de expectativas de los donantes, los países REDD+, el sector privado y las comunidades locales.

“REDD+ requiere de una teoría del cambio clara: una hoja de ruta hacia una economía neutra en emisiones de carbono mediante una transformación de las prácticas comerciales tradicionales”, dice Martius.

Los autores proponen vías clave para lograr un REDD+ efectivo, eficiente y equitativo. Estas incluyen destacar los efectos colaterales positivos de REDD+ y acortar el camino hacia la recuperación a través de la experimentación y de enfoques audaces.

Los pagos por resultados seguirán cumpliendo un papel importante, pero las reformas de políticas nacionales y subnacionales deben ir más allá de este enfoque para centrarse en temas como la planificación del uso de la tierra, la tenencia y la agricultura, y abordar la diversidad de impulsores y problemas existentes en sus contextos nacionales y regionales específicos. Y aunque el financiamiento internacional puede dar un empujón en la dirección correcta, en última instancia son los países los que deben fijar los incentivos económicos necesarios para que los actores estatales y privados puedan alinear sus actividades con las estrategias verdes para el desarrollo.

“Algunas reformas pueden beneficiar tanto a la economía como al medio ambiente, como reducir los subsidios a los cultivos que impulsan la deforestación y agregar requisitos forestales a las transferencias presupuestarias de los Gobiernos centrales a los Gobiernos locales, como lo ha hecho la India”, dice Angelsen.

En lo que respecta a la gobernanza y la coordinación multinivel, los autores concluyen también que hay problemas que simplemente no pueden resolverse a través de una mejor coordinación.

“En realidad, a menudo quienes deforestan han tenido una coordinación más efectiva de sus esfuerzos que quienes apoyan REDD+ u otras iniciativas similares”, dice Anne Larson, científica principal de CIFOR y directora de la investigación sobre gobernanza multinivel en el GCS REDD+.

“Para desafiar aquellas trayectorias que buscan mantener las cosas como están (business as usual) y abordar tanto los objetivos de efectividad como los de equidad, tenemos que desarrollar una comprensión más profunda acerca de las dinámicas subyacentes entre los actores en un contexto dado”.

SER AUDACES Y VALIENTES

Brasil, Costa Rica, Etiopía, India y Corea del Sur han implementado audaces iniciativas de conservación y restauración forestal, y los autores dicen que más países deben imitarlos.

Las iniciativas nacionales con una narrativa a favor de los bosques pueden conducir a la apropiación política e intelectual que se necesita para promover la coordinación entre ministerios y lograr un impacto a largo plazo.

“El cambio debe venir tanto desde arriba como desde abajo”, dice Duchelle. “Los programas jurisdiccionales para REDD+ y el desarrollo bajo en emisiones a nivel subnacional también parecen prometedores para proteger los bosques tropicales y garantizar los derechos y medios de subsistencia locales”.

Los autores también piden a los países que sean valientes y hagan evaluaciones de impacto. Es fundamental contar con datos e información claros para cada etapa de REDD+, desde la planificación y el diseño de políticas hasta la implementación y la evaluación. Pero las evaluaciones independientes pueden ser riesgosas, ya que los impactos a corto plazo con resultados decepcionantes durante una fase de aprendizaje pueden poner en peligro el financiamiento futuro. Por esta y otras razones, existe una persistente falta de información sobre cómo los diversos factores que impulsan el cambio en el uso de la tierra afectan las emisiones forestales.

“La realidad es que los poderosos agentes de deforestación y degradación de los bosques pueden influir en cómo se genera la información sobre los impulsores y en su visibilidad”, dice Veronique De Sy, coeditora de libro e investigadora posdoctoral de Wageningen University and Research en los Países Bajos. “Para contrarrestar esto, los sistemas nacionales de monitoreo forestal deben abordar [cuestiones relativas a] la participación, la transparencia, la responsabilidad y la coordinación”.

Por último, los autores revisan cuatro nuevas estrategias que, con algunos ajustes, podrían ayudar a lograr el objetivo de reducir las emisiones provenientes del sector de uso de la tierra y los bosques. Estas son: (1) deforestación cero y otros compromisos del sector privado, (2) agricultura climáticamente inteligente, (3) enfoques jurisdiccionales para el desarrollo rural bajo en emisiones y (4) restauración del paisaje forestal. El libro dedica un capítulo completo a cada uno de estos enfoques, en los que analiza la evidencia existente sobre sus impactos y extrae lecciones para un lograr enfoque más complementario y optimizado.

“Nuestro objetivo principal como editores”, señala Angelsen, “es proporcionar un análisis crítico y basado en evidencia de la implementación de REDD+ hasta el momento, sin perder de vista la necesidad urgente de reducir las emisiones provenientes de los bosques para evitar un cambio climático catastrófico”.

“Centrarse en una narrativa positiva sobre cómo los bosques contribuyen al desarrollo económico y a los objetivos de la lucha contra el cambio climático, puede consolidar el apoyo y generar un nuevo impulso”, añade.

Este artículo es parte del Estudio Global Comparativo de CIFOR sobre REDD+

 Esta investigación fue financiada por la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (NORAD) y la Iniciativa Internacional para el Clima (IKI) del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza, Construcción y Seguridad Nuclear (BMUB) de Alemania.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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