Columna del Director General

COP 27: El cuidado y custodia de La Tierra es un deber colectivo

Se necesitan grandes esfuerzos colectivos para un verdadero cambio a la acción por el planeta
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Zona de conservación en parcela familiar privada, Amazonía de Colombia. Jose Luis Osorio Sánchez./ CIFOR-ICRAF/ASL/Banco Mundial

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Ravi Prabhu es Director General de ICRAF.

Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Agroforestry World News.

Todos los que estuvimos presentes en la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) de Sharm el-Sheikh, podemos estar de acuerdo en una cosa: hubo sed y trabajo arduo.

Y cuando la COP27 concluyó, el debate sobre qué tan lleno está el vaso, metafóricamente hablando, continuó más allá de las salas.

Esta COP27 iba a ser la de la implementación, y, de hecho, las palabras “acción” e “implementación” aparecieron en la mayoría de los discursos, en los pabellones y en los pasillos. Para este planeta sediento de acción climática se lograron algunos avances: los bosques volvieron a tener un lugar destacado, la agricultura y los suelos ganaron más espacio en la agenda y, por primera vez en 30 años de conversaciones climáticas, los países ricos acordaron compensar a las naciones más pobres por el inevitable sufrimiento que soportarán a causa del cambio climático a través de un fondo de pérdidas y daños. Pero este fondo es actualmente un vaso vacío que espera ser llenado.

Fue alentador ver el progreso logrado en favor de los bosques, como la creación de la Alianza de Líderes por los Bosques y el Clima (Forest and Climate Leaders’ Partnership – FCLP) que conforman líderes gubernamentales, empresariales y comunitarios para implementar los compromisos de 140 naciones para detener y revertir la pérdida de bosques y la degradación de la tierra para 2030. Los negociadores también reiteraron su llamado a los países para que detengan y reviertan la deforestación y la degradación forestal y promuevan la gestión forestal sostenible.

Desde 2017, los países que participan en un proceso conocido como Labor conjunta de Koronivia sobre la agricultura han destacado la importancia de abordar estos desafíos mejorando la salud y la fertilidad del suelo; combinando bosques, tierras de cultivo y pastos en paisajes agroforestales integrados; gestionando el ganado de forma sostenible; y reduciendo el desperdicio y las pérdidas en la cadena de producción de alimentos. En la COP27, los países renovaron su compromiso con estos principios y acordaron tomar medidas adicionales para implementarlos.

En CIFOR-ICRAF, nuestra acción se enfoca en acercar la investigación sobre el clima, la agricultura y los bosques a las personas, mediante la promoción de enfoques agroecológicos, la salud del suelo y la diversidad de especies de árboles, entre otros.

A escala industrial, el Diálogo sobre Bosques, Agricultura y Comercio de Productos Básicos (FACT, por sus siglas en inglés) reúne a productores y consumidores de cultivos básicos mundiales como la soya, el aceite de palma, la carne de res y la madera, junto con representantes de pueblos indígenas y otros grupos, en un esfuerzo por reducir los impactos negativos en los bosques.

Otra señal esperanzadora es la coalición nueva y potencialmente transformadora establecida por Brasil, Indonesia y la República Democrática del Congo, que en conjunto representan la mitad de los bosques tropicales primarios del mundo. Este esfuerzo demuestra que los países en vías de desarrollo confían en asumir las riendas y el liderazgo de una iniciativa internacional.

La COP27 terminó con el Plan de Implementación de Sharm el-Sheikh, que insta al mundo a poner en práctica los compromisos climáticos, lo cual es algo alentador pero aún insuficiente.

Necesitamos pensar más allá de la implementación y mirar hacia la transformación. Necesitamos ver el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la desertificación y las muchas crisis demográficas y de salud que desafían a la humanidad y al mundo que conocemos como un llamado a la renovación. Necesitamos aceptar nuestra situación global como una oportunidad para un cambio radical, no para seguir comportándonos como si lidiar con el cambio climático fuera un juego de esfuerzos infructuosos, donde el incremento progresivo es la narrativa dominante.

Necesitamos pensar más allá de la implementación y mirar hacia la transformación. Necesitamos ver el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la desertificación y las muchas crisis demográficas y de salud que desafían a la humanidad y al mundo que conocemos como un llamado a la renovación".

Ravi Prabhu

Una cultura de corresponsabilidad

¿Qué se necesita para aprovechar verdaderamente esta oportunidad de transformación? Con certeza, requerirá coraje, acción colectiva y, definitivamente, algo de sacrificio. No necesitamos ir tan lejos como el ejemplo que nos dejó hace casi 300 años una mujer valiente en el pequeño pueblo de Jehnad en el reino de Marwar, India. Pero ciertamente podemos inspirarnos en él.

El 10 u 11 de septiembre de 1730, Amrita Devi hizo algo extraordinariamente notable, pero a la vez devastador: se abrazó a un árbol, interponiendo su cuerpo entre él y el hacha de un leñador. Murió ese día, junto con 362 de sus vecinos, protegiendo a los árboles Khejri (Prosopis cineraria) de las hachas de los hombres del rey Abhay Singh. Fueron quizás los primeros “abraza-árboles” del mundo, y sus acciones tuvieron un impacto: Abhay Singh, arrepentido, prohibió la tala de árboles verdes en su reino.

A raíz de la COP27 y en vísperas de la Conferencia sobre Diversidad Biológica de la ONU (COP15), que se llevará a cabo del 7 al 19 de diciembre en Montreal, Canadá, la determinación y las acciones de Amrita Devi y sus compañeros son un ejemplo para todas las personas del mundo.

Al igual que ellos, debemos comenzar a ver la tierra y la naturaleza como una comunidad a la que pertenecemos en lugar de verlas como mercancías para explotar. Debemos fomentar paisajes interconectados de bosques, cultivos y humedales. Y debemos apoyar a los pueblos indígenas, agricultores, pescadores y comunidades locales, quienes durante generaciones han sido guardianes de los territorios, donde mantienen el 36,2 % de los bosques del planeta y las cuatro quintas partes de su biodiversidad, incluidas las semillas tradicionales y los cultivos diversos.

A pesar de su papel ampliamente reconocido en la protección de los ecosistemas y su creciente presencia en las sesiones de negociación internacionales, muchos de estos grupos aún carecen de tenencia segura de las tierras forestales, y más de 1700 personas han sido asesinadas en la última década por defender sus derechos sobre sus territorios.

Ayudarlos a evitar los peores impactos del cambio climático requerirá el reconocimiento de sus conocimientos tradicionales y sus derechos, pero también será importante ayudarlos a obtener el conocimiento, las habilidades y los recursos necesarios para hacer que sus bosques y parcelas sean más resilientes a los impactos climáticos. En CIFOR-ICRAF, junto a nuestros socios hemos demostrado una y otra vez en paisajes muy diferentes, y en escalas tan variadas como un millón de hectáreas o un solo hogar, que todos ganan cuando los custodios de la tierra y la naturaleza ganan. Por ejemplo, el proyecto Regreening Africa está restaurando ecosistemas en ocho países y mejorando la resiliencia de 500 000 hogares en África subsahariana.

Traducir estos principios en una acción sostenida requerirá una transformación de los sistemas alimentarios y la agricultura para reducir el estimado de un tercio de los gases de efecto invernadero que emite el sector; apoyar un cambio hacia la adaptación en el sistema alimentario y abordar simultáneamente las crisis de inseguridad alimentaria, ambiental y de los ingresos.

Las semillas de un suministro de alimentos sostenible, equitativo y resiliente se encuentran en el suelo y en las manos de los pequeños agricultores del mundo, que a menudo producen “cultivos huérfanos” altamente nutritivos, pero menos conocidos. Ellos saben lo que también sabían los aldeanos de Jehnad: que el clima, los alimentos, los bosques, los suelos, la energía y la economía están inextricablemente conectados. Sin embargo, la carga de no abordar la crisis climática recae sobre los más pobres y vulnerables.

Como demostraron Amrita Devi y sus vecinos, se necesitarán los esfuerzos colectivos de la gente común que hace cosas extraordinarias para lograr los cambios necesarios en la gobernanza, los estilos de vida, el uso de energía, los sistemas alimentarios y la economía para detener el aumento de las temperaturas globales y las crisis derivadas.

Debemos comenzar a ver la tierra y la naturaleza como una comunidad a la que pertenecemos en lugar de verlas como mercancías para explotar".

Ravi Prabhu

Su llamado al deber del cuidado y de la protección fue consagrado en los edictos de su religión Bishnoi, que exige amor y misericordia hacia todos los seres vivos, especialmente los árboles. Ese sentido de cuidado y custodia se entiende mejor como la combinación deliberada e informada de solicitud, previsión y habilidad ‒una combinación de práctica y ética‒ que tiene impactos tangibles en los paisajes. Al igual que los bishnoi, debemos buscar integrar el cuidado y custodia dentro de la cultura para garantizar que se practique el deber del cuidado.

Entonces, ¿cómo hacemos esto? ¿Cómo nos alejamos de la mercantilización excesiva de la naturaleza? Dado que nuestra cultura predominante está codificada en la economía, es a la economía a la que debemos dirigirnos para un cambio de rumbo global hacia la adopción del cuidado y la custodia como nuestra norma.

La COP27 atrajo significativamente a más empresas privadas que las que se han visto en conferencias climáticas anteriores. Y mientras algunos están haciendo esfuerzos sustantivos de transformación, otros estaban presionando para que se tomaran medidas que respondieran a sus intereses comerciales, incluida la eliminación de algunas regulaciones ambientales que protegen a los bosques y a las personas.

Pese a ello, su presencia y sus audaces declaraciones sobre los compromisos climáticos y la financiación privada crearon un mayor interés y una mayor esperanza para muchos países. El problema es que, para muchos compromisos del sector privado, hay una falta de transparencia en el cumplimiento. Por lo tanto, se necesitan mecanismos para supervisar esos compromisos y garantizar la rendición de cuentas.

Los movimientos que apoyan la agricultura regenerativa, la agroforestería, la gestión forestal sostenible, la agricultura natural y la agroecología, impulsados por la atención a la equidad de género, etnia y edad, son ejemplos de esfuerzos para integrar prácticas de administración a nivel forestal, agrícola y comunitario, y podemos avanzar en base a estos esfuerzos.

Dado que nuestra cultura predominante está codificada en la economía, es a la economía a la que debemos dirigirnos para un cambio de rumbo global hacia la adopción del cuidado y la custodia como nuestra norma".

Ravi Prabhu

Herramientas para la transformación

De igual manera, necesitamos herramientas que faciliten una transición económica hacia el cuidado y la custodia, incluidos esquemas de certificación, pagos por servicios ecosistémicos, canjes de deuda por naturaleza y el reconocimiento de derechos, así como el apoyo a la representación. Para costear una transición a una economía de cuidado y custodia, podríamos comenzar por reformar y reutilizar los subsidios que han demostrado tener impactos perversos en el capital natural, como los de fertilizantes o pesticidas.

Debemos establecer arreglos innovadores de gestión de finanzas, inversiones y desempeño capaces de llegar a tiempo a las redes y organizaciones sociales complejas para alcanzar los tipos de impactos transformadores que necesitamos. Uno de esos impactos debe centrarse en los derechos, la representación y el empoderamiento de las mujeres. Esto fue destacado en la COP27 por la ministra de Medio Ambiente de Egipto, Yasmine Fouad, quien señaló durante la sesión plenaria de apertura de la conferencia sobre el clima del Global Landscapes Forum (GLF) que aunque las mujeres estaban subrepresentadas en las negociaciones sobre el clima y no siempre se las incluye equitativamente en los proyectos para abordar el cambio climático en sus países, ellas han demostrado ser líderes en el cuidado de la naturaleza y la innovación en sus parcelas. El reconocimiento de este papel debe convertirse en un pilar de cualquier transformación sostenible hacia un futuro resiliente al clima.

CIFOR-ICRAF ha trabajado para desarrollar estrategias para una mayor inclusión de las mujeres en la investigación agrícola y apoyando iniciativas como AWARD, como parte de sus esfuerzos más amplios hacia la creación de paisajes forestales, arbóreos y agroforestales equitativos, inclusivos y sostenibles.

Es hora de que realmente reconozcamos que la naturaleza es más que productos, también proporciona servicios inconmensurables. Así como reconocer que las personas no son solo productores, también somos cuidadores. Y finalmente debemos aceptar que depende de todos y todas saciar la sed de transformación que pide a gritos nuestro planeta.

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