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Aunque los bosques tropicales siguen siendo una de las armas más importantes en la lucha contra el cambio climático, su habilidad para remover carbono de la atmósfera se está reduciendo, asegura un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature.

Investigadores de casi 100 instituciones académicas que estudiaron los bosques de la Amazonía y la Cuenca del Congo durante tres décadas observaron una dramática reducción en sus sumideros de carbono, que comenzó aproximadamente hace unos 20 años.

En la década de 1990, los bosques tropicales intactos absorbieron 17 % de las emisiones de dióxido de carbono provenientes de actividades humanas, pero este porcentaje se redujo a 9 % en la década de 2000, y a sólo 6 % en los siguientes diez años.

De acuerdo con los investigadores, la principal causa de este fenómeno es la mortandad de los árboles. Aunque el dióxido de carbono adicional proveniente de actividades humanas impulsa el crecimiento de los árboles, este efecto está siendo contrarrestado de manera incremental por los efectos negativos del cambio climático, como temperaturas cada vez más elevadas y sequías.

Los autores también advierten que a menos que se lleven a cabo acciones, los sumideros de carbono de los bosques tropicales seguirán debilitándose rápidamente, y algunos de ellos, particularmente aquellos en la Amazonía, podrían convertirse en fuentes de emisiones carbono para mediados de la década de 2030.

“Este estudio ofrece la primera evidencia, a gran escala, de que la captación de carbono de los bosques tropicales del mundo ha comenzado a mostrar una preocupante tendencia a la baja”, explicó Wannes Hubau, investigador del Museo real de África Central en Bélgica (MRAC).

Los bosques tropicales aún son inmensos depósitos de carbono que almacenan 250 mil millones de toneladas solo en los árboles. “Pero el estudio revela que a menos que se pongan en marcha políticas para estabilizar el clima en la Tierra, solo será cuestión de tiempo hasta que no puedan secuestrar el carbono” dice Simon Lewis, profesor de la Universidad de Leeds en Inglaterra y autor sénior.

Estos hallazgos son de gran relevancia para quienes diseñan políticas. Un sumidero de carbono de menor tamaño en un bosque tropical significa que los presupuestos de carbono, que son las cantidades acumuladas de emisiones de dióxido de carbono permitidas durante un periodo de tiempo dentro de los límites de temperatura, así como los objetivos de emisiones, necesitan ser reevaluados para asegurar una adecuada respuesta al cambio climático.

Los últimos bosques tropicales extensos del planeta están amenazados como nunca antes”

Wannes Hubau, investigador del Royal Museum for Central Africa 

Una historia, dos bosques

Para obtener los resultados, los investigadores monitorearon 300 mil árboles en 565 fragmentos de bosque durante un periodo de 30 años –un proceso largo y ambicioso–.

Los científicos midieron el diámetro y estimaron el carbono contenido en la biomasa de cada árbol, luego regresaron cada cierto tiempo para dar seguimiento a sus mediciones. Al calcular el carbono almacenado en los árboles que sobrevivieron y también en aquellos que murieron, pudieron cuantificar los cambios en el almacenamiento del carbono a lo largo del tiempo.

Los resultados muestran que el sumidero del bosque amazónico fue el primero que comenzó a debilitarse, a mediados de la década 1990, seguido de una reducción en el sumidero africano 15 años después.

Los autores argumentan que la diferencia se debe a que los bosques amazónicos son más dinámicos que los de África y a que reciben mayores impactos climáticos. En comparación con los bosques africanos, el típico bosque amazónico está expuesto a temperaturas más altas, incrementos más rápidos de temperatura y seguías más frecuentes y severas, lo que ralentiza el crecimiento de los árboles e incrementa su mortalidad.

Sin embargo, el estudio concluye que se requiere más investigación para entender mejor cómo los factores ambientales subyacentes afectan las ganancias y pérdidas de carbono, y para explicar completamente los patrones divergentes.

Para identificar los efectos de un acelerado cambio ambiental se requiere monitorear en el campo y de manera continua a los bosques tropicales intactos”

Wannes Hubau, investigador del Royal Museum for Central Africa 

Urge más información sobre los bosques

A pesar de la contribución de los bosques a la regulación del clima, aún existen vacíos enormes en la investigación que nos impiden entender completamente su funcionamiento, afirmaron los autores.

“Para identificar los efectos de un acelerado cambio ambiental se requiere monitorear en el campo y de manera continua a los bosques tropicales intactos”, señaló Hubau, quien destacó la urgencia de contar con más respaldo internacional para llevar a cabo estudios colaborativos. “Lo necesitamos más que nunca. Los últimos bosques tropicales extensos del planeta están amenazados como nunca antes”.

Sin embargo, ello requiere no solo de financiamiento para nuevos estudios, sino también del apoyo a investigadores locales, que pueden estar cerca de los bosques y contribuir a monitorear su evolución. “Por mucho tiempo se han subestimado las habilidades y el potencial de los investigadores de África y la Amazonía”, advirtió Oliver Phillips, profesor de la Universidad de Leeds. “Monitorear estos extraordinarios bosques para ayudar a su protección y manejo recaerá en la siguiente generación de científicos de África y la Amazonía”, añadió.

Por mucho tiempo se han subestimado las habilidades y el potencial de los investigadores de África y la Amazonía"

Oliver Phillips, profesor de la Universidad de Leeds

Un nuevo centro de acción forestal

Una reserva protegida en la República Democrática del Congo (RDC) se está convirtiendo rápidamente en un centro global forestal y está dando ya respuesta a los desafíos detallados en el estudio. Localizada en el noreste del país y apoyada por el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), la Reserva de la Biosfera Yangambi se encuentra a la vanguardia con investigación de punta para medir los sumideros de carbono de la Cuenca del Congo.

En 2019, bajo el respaldo de la Unión Europea, el RMCA lanzó un nuevo laboratorio biológico de madera en Yangambi. El laboratorio, que es primero en su tipo en el África Subsahariana, facilita el desarrollo de investigación relevante sobre la anatomía de la madera y dendrocronología (que permite establecer la edad de un árbol al observar sus anillos) para entender mejor la contribución de los bosques a la mitigación y adaptación al cambio climático.

“Este laboratorio ofrece un equipo muy necesario para investigadores de África y visitantes”, agregó Hans Beeckman, jefe del Servicio Biológico de Madera del RMCA, quien también contribuyó al estudio.

Anteriormente, los investigadores tenían que llevar muestras de la madera a Europa para analizarla, pero ahora pueden hacerlo justo al lado del bosque, explicó.

“Tener un laboratorio en la Cuenca del Congo hará que los estudios sean menos costosos, sencillos e inclusivos”, dice Beeckman

El RMCA también está midiendo cuánto carbono pueden absorber los bosques tropicales intactos por medio de censos periódicos en parcelas de muestreo permanente en Yangambi y en la vecina Reserva del bosque de Yoko. Actualmente, 25 hectáreas de parcelas de muestreo permanente están siendo monitoreadas, y pronto se establecerán más.

   Reserva de biósfera de Yangambi, RDC. Axel Fassio/CIFOR

“Estas medidas ofrecen información precisa sobre los índices vitales de un ecosistema de bosque, tales como crecimiento de los árboles, regeneración y mortalidad”, destacó Hubau.

“Esta información es muy valiosa para los modelos que analizan y predicen el cambio climático e informan las negociaciones internacionales sobre el clima”.

Yangambi pronto será sede de la primera Torre de eddy covariance para medición de flujos de la Cuenca del Congo. De una altura mayor que el dosel del bosque, estas estructuras proporcionan, de forma continua y precisa, información sobre el intercambio de gases de efecto invernadero entre la atmósfera y los bosques, llenando un gran vacío de información.

“Los datos recolectados con estas estructuras en el largo plazo permitirá medir la evolución de la absorción neta del dióxido de carbono de los bosques húmedos de tierras bajas de la Cuenca del Congo, y confirmará o refutará las extrapolaciones hechas por este estudio”, sostuvo Pascal Boeckx, profesor de la Universidad de Gante  y también coautor.

“Los hallazgos de este estudio revelan una tendencia preocupante para los sumideros de carbono de los bosques tropicales” indicó Paolo Cerutti, el investigador de CIFOR que coordina las actividades en la RDC.

“Esperamos que nuestras intervenciones en Yangambi nos ofrezcan información sobre cómo revertir esta tendencia”, concluyó.

Esta investigación recibió más de 50 subvenciones durante más de dos décadas, entre ellas el financiamiento del Consejo Europeo de Investigación (Bosques tropicales y el sistema cambiante de la Tierra, T-FORCES) otorgado a Oliver Phillips y a Simon Lewis.

Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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