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Comercio de vida silvestre, degradación de ecosistemas y cambio climático, ingredientes para más pandemias

Presentación del Director General de CIFOR ante los funcionarios del Congreso de los Estados Unidos
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Foto: International Labour Organization ILO

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Existe abundante evidencia que demuestra que los cambios producidos en los paisajes como resultado de la fragmentación y degradación de los ecosistemas son los principales impulsores de la aparición o reaparición de enfermedades zoonóticas como la malaria, el dengue, el ébola o la enfermedad de Lyme, dijo el director general del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) durante una sesión informativa para funcionarios del Congreso de los Estados Unidos y organismos con sede en Washington, realizada recientemente.

“Hay diversos mecanismos involucrados, pero los cambios en los paisajes y la pérdida de biodiversidad generan cambios importantes en la ecología de los patógenos y sus vectores”, afirmó Nasi, quien fue invitado a participar como panelista en la sesión informativa organizada por la International Conservation Caucus Foundation (ICCF).

“Estos [mecanismos] favorecen la expansión de huéspedes o vectores, aumentan la presión sobre la virulencia o selección de resistencias y/o para su evolución a cepas de patógenos más diversas genéticamente, lo que incrementa las probabilidades de que alguna de estas cepas pueda afectar a los humanos”.

Nasi habló sobre la evaluación de los factores de riesgo derivados del comercio de carne de animales silvestres (también llamada carne de monte), la destrucción de hábitats y la pérdida de biodiversidad junto con otros dos expertos ambientales, en un panel moderado por Bill Millan, director de política global de la ICCF, fundación que busca sensibilizar a los responsables de la formulación de políticas sobre asuntos relacionados con la conservación.

A través del Programa de Manejo Sostenible de la Vida Silvestre (SWM por sus siglas en inglés), CIFOR trabaja en asociación con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS por sus siglas en inglés) y el Centro Francés de Cooperación Internacional en Investigación Agrícola para el Desarrollo (CIRAD por sus siglas en francés) para desarrollar modelos que tengan como objetivo la conservación de la vida silvestre y la protección de los ecosistemas y al mismo tiempo mejoren las condiciones de vida y la seguridad alimentaria de aquellas personas que dependen de estos recursos.

Actualmente, se están desarrollando ocho modelos en 13 países, donde los socios de SWM trabajan en estrecha colaboración con las autoridades nacionales y otras instituciones locales.

A continuación, presentamos los comentarios completos de Robert Nasi, que detalló en base a evidencia los factores que favorecen la aparición de enfermedades zoonóticas y su expansión.

  • Comercio de carne de animales silvestres (carne de monte)

La carne de monte es una fuente esencial de proteínas, grasas y micronutrientes, y un elemento clave para la diversificación de ingresos de millones de personas en regiones tropicales y subtropicales. En zonas rurales, los pueblos indígenas y las comunidades locales dependen de la carne de monte porque no cuentan con otra fuente de carne o no pueden costear fuentes alternativas. Para las familias que viven en pueblos de provincia ubicados cerca de fuentes de animales silvestres, comer carne de monte podría constituir también una necesidad alimentaria. La dependencia de la carne de monte aumenta en aquellos lugares y momentos en los que se produce una interrupción del suministro de otros alimentos y fuentes de subsistencia, como durante dificultades económicas, agitación social, sequías o la pandemia actual.

Cada año, se extraen hasta 11 millones de toneladas de carne de animales silvestres solo en los bosques lluviosos; y mucho más si se suman otros biomas (como sabanas y bosques templados y boreales). De ahí que la extracción y el comercio de carne de monte constituyan una gran amenaza para la biodiversidad de cientos de especies, incluidos los primates no humanos y especies emblemáticas de grandes mamíferos.

A medida que los animales atraviesan las cadenas de valor de la carne de monte, los riesgos de efectos colaterales se incrementan junto con las oportunidades de contacto humano (cazadores, comerciantes, carniceros, cocineros y consumidores). Por lo tanto, resulta de suma importancia documentar de manera exhaustiva esta situación.

CIFOR y sus socios, con financiamiento provisto por USAID (siglas en inglés de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) y USFWS (siglas en inglés del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos), están desarrollando la base de datos WILDMEAT (que será lanzada en 2021). Esta brindará a los responsables de la formulación de políticas y otros profesionales datos sobre extracción por actividades de caza, consumo doméstico y ventas. Se trata de información sumamente oportuna, dada la actual pandemia del COVID-19.

La base de datos se puede utilizar para identificar áreas de uso y comercio intensivo de especies de vectores clave (como murciélagos, primates y pangolines) y, junto con otras capas de datos globales (como pérdida de bosques, intensificación agrícola y densidad de población humana), analizar y predecir dónde podrían surgir “focos” de riesgo de efectos colaterales.

Según la visión más ampliamente extendida, la coevolución de nuevas capacidades crea nuevas oportunidades para los patógenos, pero, dado que las mutaciones son raras y no dirigidas, el carácter altamente especializado de las relaciones entre patógeno y huésped debería producir una barrera evolutiva que limite la diseminación; y, por ello, los casos de enfermedades infecciosas emergentes (EID por sus siglas en inglés) deberían ser raros. Sin embargo, los casos de EID se incrementaron cinco veces entre 1940 y 2010. Los autores del “paradigma de Estocolmo” afirman que “los patógenos han mejorado su capacidad para llegar hasta nosotros mucho más de lo que suponen nuestras ideas tradicionales”. ¿A qué se debe esto?

  • Degradación ambiental: cambios en el uso del suelo

Existe abundante evidencia de que los cambios, tanto permanentes como temporales, producidos en los paisajes como resultado de la fragmentación y degradación de los ecosistemas son importantes impulsores de la aparición o reaparición de enfermedades zoonóticas como la malaria, el dengue, el ébola o la enfermedad de Lyme.

CIFOR, con el apoyo de fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, demostró que la deforestación acelera la propagación del ébola en los bosques tropicales de África Occidental y Central al aumentar las interacciones entre humanos y murciélagos. Cuando los frugívoros voladores se ven perturbados por actividades humanas que conducen a la deforestación, sus hábitats se expanden, lo que incrementa su contacto con las personas e influye en la propagación de enfermedades. Y existen muchos otros ejemplos como este en la literatura científica.

  • Cambio climático

El calentamiento global ha desencadenado modificaciones en la densidad y distribución de especies de vida silvestre que actúan como huéspedes y reservorios de enfermedades, lo que ha ampliado la ocurrencia geográfica de enfermedades infecciosas y ha traído como resultado casos de EID en áreas previamente libres de vectores y sus patógenos asociados: malaria, fiebre amarilla, chikunguña, zika, dengue (mosquitos); y enfermedad de Lyme (garrapatas).

Los fenómenos extremos (como inundaciones, sequías u olas de calor) aumentan el riesgo de brotes de EID (por ejemplo, malaria y hantavirus) al crear condiciones óptimas para el huésped o los vectores, lo que lleva a su congregación (aves silvestres migratorias, en el caso de los virus de la gripe aviar) o superabundancia (mosquitos o garrapatas).

  • Comercio globalizado y viajes

Ya sea por curiosidad, por comercio o por conflictos, actualmente nos movemos junto a nuestras especies asociadas por todo el mundo a niveles y tasas sin precedentes, lo cual aumenta la diversidad y la frecuencia de encuentros con patógenos. Transportar cerdos por vía aérea de Rusia a China en aviones 747 probablemente no sea una buena idea en términos del riesgo de EID y emisiones de GEI, y este es solo un ejemplo.

  • Aumento de la urbanización

Las ciudades son lugares cálidos —más que las áreas que las rodean—, lo que las convierte en incubadoras ideales para patógenos y vectores.

Los habitantes de las urbes dependen de un flujo constante de materiales de fuentes externas, aumentando así las posibilidades de introducción de patógenos. Además, las ciudades albergan una gran cantidad de animales (como roedores, pájaros e insectos) que son vectores de enfermedades, y las concentraciones de alta densidad de personas aumentan las posibilidades de exposición.

Toda ciudad incluye a personas de bajo nivel educativo, mal alimentadas y con bajas remuneraciones, expuestas al agotamiento físico y a condiciones insalubres y estresantes que son invisibles para las redes de salud pública y servicios sociales. No pueden darse el lujo de quedarse en casa cuando están enfermos, y eso los convierte en el talón de Aquiles para las EID.

Por su parte, el cambio climático interactúa en sinergia con los cambios en el uso de la tierra y en la cobertura, los cambios ecológicos y/o las desigualdades sociales, debilitando los sistemas inmunes de la población marginal y pobre para influir en los patrones de las enfermedades mediante la creación de nuevas interrelaciones entre humanos y vida silvestre o conduciendo a interacciones más intensas.

Por último, quisiera agradecer nuevamente el apoyo de USAID y USFWS al trabajo de CIFOR sobre carne de monte, biodiversidad y resiliencia, y a la ICCF por brindarme la oportunidad de presentar este testimonio.

Información detallada sobre el programa SWM:

El Programa de Manejo Sostenible de la Vida Silvestre es una iniciativa del grupo de Estados de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) y está financiado por la Unión Europea a través del 11.º Fondo Europeo de Desarrollo (FED). El Programa SWM moviliza un grupo internacional de organizaciones asociadas con experiencia y conocimientos sobre conservación de la vida silvestre, seguridad alimentaria y desarrollo de políticas. Se implementa mediante un consorcio que incluye la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (WCS por sus siglas en inglés) y el Centro Francés de Cooperación Internacional en Investigación Agrícola para el Desarrollo Internacional (CIRAD por sus siglas en francés).

 El Programa SWM desarrolla nuevos modelos innovadores, colaborativos y escalables que tienen como objetivo conservar la vida silvestre y proteger los ecosistemas, al mismo tiempo que mejoran las condiciones de vida y la seguridad alimentaria de las personas que dependen de estos recursos. Actualmente, desarrolla ocho modelos en 13 países piloto, de los cuales 12 pertenecen al grupo ACP. En cada país, los socios de SWM colaboran estrechamente con las autoridades nacionales y otras instituciones de nivel local. Por medio de estas experiencias prácticas, el Programa SWM espera lograr los siguientes seis resultados:

 – “Mejorar el marco institucional y jurídico para el uso sostenible de la carne proveniente de especies silvestres resistentes a la caza o la pesca” (Resultado 1), dirigido por la FAO;

 – “Mejorar la gestión de las especies silvestres resistentes a la caza o la pesca” (Resultado 2), dirigido por CIRAD;

 – “Mejorar el suministro de proteína alternativa” (Resultado 3), dirigido por WCS;

 – “Lograr la sostenibilidad en el consumo de carne de animales silvestres” (Resultado 4), dirigido por CIFOR;

 – “Monitoreo, evaluación y aprendizaje” (Resultado 5) dirigido por CIFOR;

 – “Generación de conocimiento para apoyar el desarrollo y la adopción de políticas públicas que concilien los problemas de conservación y la seguridad alimentaria y nutricional” (Resultado 6), dirigido por CIRAD.

 El Programa SWM contribuye de manera directa con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, incluidos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Apoya a los Gobiernos en su labor de cumplir con el Objetivo 2 sobre Hambre Cero; el Objetivo 12 sobre Producción y Consumo Responsables; y el Objetivo 15 sobre la Vida de Ecosistemas Terrestres. También contribuye de manera indirecta con el Objetivo 3 sobre Salud y Bienestar; el Objetivo 5 sobre Igualdad de Género; el Objetivo 11 sobre Ciudades y Comunidades Sostenibles; y el Objetivo 16 sobre Paz, Justicia e Instituciones Sólidas.

Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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