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Latin America - Aunque hasta el momento solo cuatro países latinoamericanos han elaborado planes nacionales para cumplir con los compromisos internacionales de restauración forestal, otros países, que aún no elaboran los mencionados planes, también pueden aprender de sus esfuerzos y aprovechar las lecciones, según indica un nuevo estudio.

En América Latina, donde los pequeños agricultores y las comunidades indígenas tienen un papel que cumplir en la restauración ecológica, considerar en estos planes los factores sociales y económicos, así como los objetivos biológicos, es crucial, según los investigadores de universidades mexicanas y del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) que llevaron a cabo este estudio que concluye que un enfoque de abajo hacia arriba, que incluya a las comunidades locales en el trabajo de planificación, restauración y monitoreo es fundamental para el éxito a largo plazo.

“Aplicamos un marco genérico para comprender los puntos en común y las diferencias en la forma en que los países conciben la restauración ecológica y en cómo la implementarían”, indica Manuel Guariguata, científico principal de CIFOR y uno de los autores.

“Aunque elaborar y adoptar un plan nacional de restauración es ciertamente un logro para los países, nuestro análisis reveló que existen brechas críticas que deben abordarse, con el fin de aumentar el nivel de la restauración ecológica para cumplir con los compromisos internacionales”, menciona.

ELABORANDO PLANES NACIONALES

Trece países de América Latina han asumido compromisos internacionales para restaurar parte de sus tierras deforestadas o degradadas para el año 2020, pero solo cuatro de ellos han completado sus planes de restauración. Los investigadores examinaron lo que esos planes incluyen —y lo que no— y elaboraron recomendaciones para estos y otros países de la región que también buscan cumplir con sus compromisos.

“El estudio surgió de los esfuerzos por elaborar un plan nacional de restauración para México, país que tiene uno de los mayores compromisos de la región: la restauración de 8,5 millones de hectáreas para el año 2020”, dice Cristina Martínez-Garza de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en Cuernavaca y miembro de la comisión encargada de diseñar un plan de restauración para México.

Nuestro análisis reveló que existen brechas críticas que deben abordarse, con el fin de aumentar el nivel de la restauración ecológica para cumplir con los compromisos internacionales”.

Manuel Guariguata

“La idea era examinar los países que ya tenían planes y ver cómo los habían elaborado y qué incluían”, dice Martínez-Garza.

Sin embargo, para sorpresa de la comisión, solo Brasil, Colombia, Ecuador y Guatemala habían completado sus planes de restauración. Brasil tenía dos: un plan nacional y otro destinado específicamente a la restauración del bosque costero atlántico.

SIMILITUDES Y DIFERENCIAS

Cuando compararon los planes, los investigadores encontraron algunos elementos en común, pero también muchas diferencias. Según Martínez-Garza, les sorprendió que los cuatro países con planes ya listos. difirieran tanto unos de otros.

Viendo a los países observaron que Brasil es geográfica y económicamente grande, aunque su ingreso per cápita de US$ 15.800 es similar al de Colombia, de US$ 14.700. Ecuador y Guatemala son mucho más pequeños, con economías que son apenas una fracción del tamaño de la brasileña. De los cuatro países, Guatemala tiene la mayor proporción de indígenas, aproximadamente el 40% de la población.

Según encontraron, los objetivos expuestos en los planes mencionan con frecuencia los servicios ecosistémicos y la gestión sostenible. Varios también mencionan la obtención de financiamiento para los esfuerzos de restauración. El plan nacional de Brasil tiene entre sus objetivos la capacitación y la extensión técnica rural, así como la investigación, el desarrollo y la innovación.

El plan de Ecuador menciona la mejora de la calidad de vida de las personas, mientras que los objetivos de Guatemala vinculan la biodiversidad con los medios de vida.

La Sociedad para la Restauración Ecológica (SER por sus siglas en inglés), con sede en Washington D. C., ha elaborado un conjunto de seis estándares internacionales para medir la práctica de la restauración ecológica. Aunque los planes de los cuatro países reflejan algunos de esos estándares, ninguno toma todo el conjunto como base, según Martínez-Garza.

A pesar de todo, también hay muchos elementos en común, y los planes incluyen elementos no considerados en los estándares de SER. Ello podría conducir a directrices especialmente adecuadas para América Latina, expresa.

Todos los planes ponen énfasis en apoyar los procesos naturales de recuperación, uno de los estándares de SER. La mayoría también considera los mosaicos de bosques y agricultura, lo que refleja la importancia de mantener conectadas las zonas forestales y tomar en cuenta a los pequeños agricultores que forman parte del paisaje, explica Martínez-Garza.

Según el estudio, los cuatro países utilizaron mapas para identificar las áreas prioritarias para la restauración, pero ninguno incluyó un análisis de rentabilidad (costo-beneficio) en su planificación, y solo el plan nacional de Brasil exige realizar un análisis de la probabilidad de éxito.

EVALUACIÓN Y FINANCIAMIENTO

El monitoreo y la evaluación es otra deficiencia encontrada en todos los planes.

“Mencionan el monitoreo, pero no qué [monitorear] ni cómo”, dice Martínez-Garza.

Entre los medios de financiamiento mencionados en los planes están el pago por servicios ambientales y la compensación por la pérdida de biodiversidad, así como fondos gubernamentales y subvenciones de donantes.

Así mismo, todos los planes requieren involucrar a las comunidades locales en actividades de restauración, aunque las comunidades no necesariamente están involucradas en la planificación. Países como Guatemala y Colombia mencionan específicamente el uso del conocimiento tradicional en actividades de restauración.

“En general, los planes de los cuatro países reflejan los avances hacia el objetivo de América Latina de restaurar 20 millones de hectáreas de tierras deforestadas o degradadas para el año 2020”, dice Moisés Méndez-Toribio de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en México.

Mencionan el monitoreo, pero no qué [monitorear] ni cómo”.

Cristina Martínez-Garza

LECCIONES PARA LATINOAMERICA

El análisis de las fortalezas y debilidades llevó a los investigadores a proponer criterios que México y otros países pueden utilizar para guiar su planificación de la restauración, comenta Méndez-Toribio.

“En primer lugar, deben poner énfasis en un enfoque de paisaje a escala nacional, regional y local”, afirma Méndez-Toribio. “También deberían basarse en los estándares de SER, aunque los criterios para América Latina pueden variar ligeramente, en especial al incluir factores sociales y económicos en los objetivos y el monitoreo”, enfatiza.

Además, indica que los mapas utilizados para identificar las áreas prioritarias para la restauración deben incluir tanto información biológica como socioeconómica, para evitar tratar de planificar un proyecto de restauración en tierras aptas para la producción agrícola. Pues si la tierra puede ser utilizada para la producción, es probable que los esfuerzos para restaurar bosques en ella fracasen, agrega.

Según Méndez-Toribio el plan debe incluir metas y acciones a corto, mediano y largo plazo en los ámbitos político, social y económico. Se debe identificar a los coordinadores responsables de cada área y se debe basar el monitoreo en indicadores sociales y económicos, así como en factores biológicos y físicos.

Para garantizar la sostenibilidad, el plan debe adoptar un enfoque de abajo hacia arriba que incluya a las comunidades locales desde el comienzo del proceso de planificación y que garantice que estas se beneficien de la restauración ecológica. También son cruciales los planes de financiamiento de largo alcance.

En última instancia, sin embargo, el éxito de la región en el cumplimiento de sus compromisos de restauración dependerá no solo de contar con planes nacionales, sino de asegurar que estos se lleven a cabo a pesar de los cambios en las administraciones públicas.

“Esperamos que otros países de la región latinoamericana que están desarrollando planes nacionales de restauración obtengan lecciones clave de nuestro análisis”, dice Guariguata.

Para obtener más información sobre este estudio, por favor contacte a Manuel Guariguata en m.guariguata@cgiar.org

Esta investigación de CIFOR, se lleva a cabo gracias al soporte del Departamento para el Desarrollo Internacional de Reino Unido DFID a través del Programa KNOWFOR.


Foto de portada por Marco Simola/CIFOR


 

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