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La urgente tarea de abordar los riesgos que trae la caza de vida silvestre

Donde conjuga la seguridad alimentaria, la salud humana, la vida silvestre y los ecosistemas
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Murciélago frugívoro endémico, Mayotte. Flickr/Mauritius100

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El incremento en la demanda de alimentos y medicinas tradicionales, la proliferación de guerras y conflictos, y la expansión de mercados legales e ilegales han exacerbado la crisis de la fauna silvestre, afectando ecosistemas y llevado casi a la extinción a muchas especies.

Además del crecimiento de la población humana y la disminución de los hábitats naturales, que amenazan la biodiversidad, las sociedades que desde hace más de 40 000 años basan su sustento en la recolección y caza en la región tropical han mejorado la eficiencia en los métodos de cacería en el último siglo, y por ende, la capacidad para capturar un mayor número de animales y de otras especies silvestres.

A pesar de marcos como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), el comercio ilegal de vida silvestre –una industria multimillonaria que incluye el comercio de carne y medicinas– representa una importante amenaza para los ecosistemas forestales, dadas las dificultades para hacer cumplir tales compromisos, aseguran investigadores del Centro  para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) en un reciente estudio publicado en la revista científica Annual Review of Environment and Resources.

“La explotación de vida silvestre ha alcanzado niveles insostenibles, en parte debido a iniciativas de conservación que históricamente han sido desarrolladas para abordar intereses elitistas, más que los intereses de la población rural que depende de los bosques”, afirmó el coautor del estudio Robert Nasi, director general de CIFOR y director ejecutivo de CIFOR-ICRAF.

En su estudio, los investigadores indagaron sobre el aprovechamiento de productos silvestres para alimentación y medicinas en la región tropical de África, América y Asia, con atención a los complejos impulsores del aprovechamiento de vida silvestre para consumo de carne y uso en medicina tradicional, así como las consecuencias para la biodiversidad, el medioambiente y las poblaciones humanas.

El contacto entre humanos y vida silvestre no solo ha aumentado, sino que ha desatado la aparición de infecciones de tipo zoonóticas como el Síndrome Agudo Respiratorio Severo, el Ébola y la COVID-19. La situación es especialmente preocupante en las regiones rurales de los trópicos, donde los científicos alertan que existe “una explotación generalizada e insostenible de la vida silvestre”.

Caza y seguridad alimentaria

La sobreexplotación de carne de monte puede representar una amenaza para la seguridad alimentaria si las especies en demanda son sometidas a altas tasas de caza. El impacto es enorme, pues por lo menos 300 millones de personas en el mundo en situación de pobreza dependen de los bosques para su subsistencia.

En una comparación hecha en dos regiones tropicales importantes como son la Amazonía y la cuenca del Congo, los investigadores encontraron que cada año más de 5 millones de toneladas de carne de monte constituyen el alimento de millones de pobladores locales en la región tropical de América y África.

“Si no se aborda con urgencia la seguridad nutricional, es probable que muchos mamíferos de los bosques se extingan pronto, mientras la deficiencia de proteína en la dieta de los habitantes de estas regiones aumenta”, sostuvo Nasi. “A menos que haya un cambio drástico para hacer más sostenible la explotación de vida silvestre, incluyendo para productos no esenciales y de lujo, la mayoría de las especies icónicas de los trópicos, y muchas otras en el futuro, desaparecerán”.

La publicación también establece que una variedad de actividades relacionadas con la cacería, causantes del desbalance natural de los ecosistemas, también exacerban la inseguridad alimentaria.

   Hombre cazando cerca de Ngazi, República Democrática del Congo. Axel Fassio/CIFOR

En ese sentido, destaca la necesidad de impulsar una gestión participativa del territorio que involucre a comunidades locales e indígenas para conservar la vida silvestre. Sin embargo, con el tiempo, el cambio en gustos y demandas puede conllevar al cambio en el tipo de animales de monte que se cazan, creando así dinámicas menos sostenibles, de forma que esta última opción no es necesariamente un “solución infalible”, afirmó Nasi.

La demanda de carne de monte puede ser reducida si existe la disponibilidad de fuentes alternativas de proteína. Esto podría significar la creación de granjas para la cría de algunas especies silvestres, o el estímulo en el consumo de otros animales no convencionales, como roedores, para aliviar la presión sobre las especies en riesgo.

Fauna viva, bosques vivos

“La pérdida de algunas especies de animales causada por la caza excesiva, puede limitar el potencial de los bosques para regenerarse”, afirmó Nasi. “Esto ha causado cambios a largo plazo en poblaciones y distribución espacial de árboles, así como en el crecimiento y dinámicas, lo que con el tiempo resulta en la disminución de la diversidad de árboles. Por ejemplo, los grandes murciélagos frugívoros y las aves dispersan a largas distancias semillas en sus deposiciones y deben protegerse de la cacería en Asia Oriental”.

El gran zorro volador de Borneo tuvo un papel importante en la polinización en varios estados de Malasia, pero debido a prácticas no sostenibles de caza se ha perdido esta función, lo que genera preocupación sobre el futuro y crecimiento de las especies vegetales. La misma especie de zorro volador también se encuentra en riesgo y podría convertirse en un factor de preocupación para la salud pública, considerando su potencial de diseminar virus a causa del aumento en la frecuencia de contacto con humanos por la degradación de su hábitat.

El rinoceronte javanés fue declarado extinto en Vietnam en el año 2010, debido principalmente a la caza furtiva destinada a mercados internacionales y una débil aplicación de la ley. En África, particularmente en biomas de sabana, el impacto del tráfico de vida silvestre varía: desde efectos de borde que rodean las áreas protegidas hasta grados escalonados de disminución de especies, a menudo debido a una ejecución inadecuada contra la caza furtiva.

Los efectos de la urbanización

La expansión vial ha conllevado a incrementar las actividades de caza, poniendo en riesgo la vida silvestre tanto en África como en la Amazonía.

“Las enormes mejoras de la infraestructura ya existente, particularmente carreteras, han facilitado el tráfico de vida silvestre en las regiones tropicales. Estos cambios han hecho que las regiones forestales sean más accesibles, creando oportunidades el comercio de vida silvestre entre áreas rurales y mercados urbanos”, sostuvo Nasi.

El estudio demuestra que en la Reserva de Biosfera Yasuní, en Ecuador, las carreteras provocaron un doble aumento del área de extracción, en tanto que las vías amazónicas en áreas protegidas causaron una disminución en las poblaciones de vida silvestre, amenazando así los medios de vida de los pobladores indígenas.

   Las carreteras y la ganadería son dos de los principales impulsores de la deforestación en la Amazonía brasileña Kate Evans/CIFOR

Los habitantes del bosque cazan y obtienen carne de monte para complementar su dieta y nutrición, pero las presiones sobre poblaciones de aves y animales aumentan todavía más ante la cacería que excede las necesidades de los pobladores, al ser destinada a la venta para lograr ingresos. En una encuesta realizada en 20 países de Asia, América Latina y África subsahariana, los investigadores encontraron que 39 % de los hogares realizan cacería, 87 % consumen lo que cazan y en promedio solo el 2 %  del ingreso económico proveniente de la carne de monte.

“El proceso de urbanización ha conllevado al aumento en la demanda de vida silvestre más allá de las regiones rurales del trópico, ejerciendo una presión inmensa sobre la biodiversidad regional y el bienestar humano y exacerbando potenciales riesgos de enfermedades zoonóticas”, afirmó Nasi, y agregó que más de 300 especies de mamíferos terrestres están en peligro de extinción debido al incremento de la cacería de carne de monte para satisfacer la demanda de la urbe.

Más información, menos “bosques vacíos”

El estudio también señala la carencia de información confiable sobre recolección de carne de monte. Los investigadores sugieren el uso de sistemas de monitoreo remoto para ayudar a recopilar información y brindar un mejor panorama sobre dónde y cómo está sucediendo la caza. Asimismo, los alimentos de origen silvestre deberían incluirse en las estadísticas oficiales de los gobiernos para asegurar que tales actividades sean monitoreadas, de forma que se puedan crear estrategias hacia prácticas de caza más sostenibles.

Los “bosques vacíos” en las regiones tropicales –bosques en los cuales los grandes animales ya han sido eliminados o extraídos– alertan sobre la necesidad de mejorar el manejo y ejecución de redes de áreas protegidas en el trópico. Adicionalmente a las áreas de conservación, los investigadores recomendaron el diseño de planes de gestión de paisajes  con varias zonas, incluyendo zonas de caza, de no aprovechamiento y zonas seguras para la vida silvestre.

Nasi asegura que “la adición de zonas de recuperación podría ayudar a reestablecer las poblaciones animales en áreas donde ha habido caza excesiva” y que “esto ha sido implementado con efectividad en el Santuario de Vida Silvestre Thung Yai, en Tailandia, en donde se ha reportado la recuperación de la población de ungulados, lo que en consecuencia incrementó la base de presas para los tigres en peligro de extinción”.

Un abordaje multidisciplinario

Las especies silvestres también se obtienen para uso en medicina tradicional, con frecuencia de manera no sostenible. El uso de primates en medicina tradicional está asociado a rituales mágico-religiosos y en remedios.

En África, muchas culturas utilizan partes de animales en sus prácticas tradicionales y religiosas. En la región semiárida del noreste de Brasil, se emplean animales como amuletos en rituales y ceremonias. A lo largo de Asia, se sacrifican rinocerontes, tigres, elefantes, pangolines y tortugas para uso medicinal. En Indonesia, en la provincia oriental de Kalimantan, el número del langur de Hose disminuyó drásticamente en un período de siete años, debido a la caza excesiva en busca de sus piedras bezoar.

“Si bien es probable que la reducción en la demanda sea cada vez más difícil debido a costumbres culturales y al estatus social asociado con muchos productos de medicina tradicional, los sistemas de certificación y las alternativas sintéticas ofrecen soluciones potenciales”, afirmó Nasi.

Las soluciones también pueden incluir detener el comercio ilegal, incrementar la conciencia en el público, y promover el uso y consumo sostenible de especies silvestres.

La demanda de la urbe es otro factor que contribuye de manera significativa en el aprovechamiento no sostenible y en la desaparición de las especies silvestres del bosque. En algunas áreas, el consumo de carne de monte se considera un símbolo de estatus.

Sin embargo, la atracción que la urbe tiene por la carne de monte podría perderse ante la lucha que el mundo entero libra para contener la pandemia de la COVID-19, la cual se cree ampliamente que tiene origen zoonótico desde los murciélagos, con otro huésped aún no identificado, probablemente un pangolín o un perro, antes de llegar a los humanos en un mercado de en Wuhan, China. Asimismo, existe la hipótesis de que la pandemia del VIH/SIDA surgió de la caza de carne de monte en África antes de su diseminación por todo el mundo.

Un estudio realizado en el año 2003 sobre la epidemia del SARS reveló que el consumo de carne de monte posterior a la epidemia pudo haberse reducido luego de un brote relacionado con esta enfermedad. Cuando se venden legalmente especies silvestres y carne de monte en mercados en los que las regulaciones de supervisión y cuarentena son débilmente implementadas, la convergencia de animales silvestres y domésticos favorece el intercambio de patógenos y su transmisión desde huéspedes silvestres hacia los humanos.

“Altos volúmenes de especies silvestres, grupos taxonómicos de alto riesgo de zoonosis y deficientes medidas de bioseguridad en los mercados, incrementan el potencial de la presencia y transmisión de patógenos”, sostuvo Nasi.

Según la investigación, la clave para abordar los desafíos es desarrollar una estrategia multidisciplinaria, que abarque factores políticos, socioeconómicos y conocimiento científico, al tiempo que se reúnen a organizaciones gubernamentales, no gubernamentales, nacionales e internacionales para discutir el camino a seguir.

“No hay una solución fácil. Dada la naturaleza de múltiples facetas de la crisis, debemos trabajar en la interfaz del mejoramiento de los medios de vida rurales y la conservación de los bosques naturales para determinar cómo pueden armonizarse de forma óptima los objetivos de disminución de la pobreza y de conservación de los bosques”.

“La única forma de lograr el cambio es mediante campañas de educación y el fortalecimiento de las instituciones encargadas de la conservación, pero es necesario hacer todavía más que eso” apuntó Nasi. “También necesitamos desarrollar iniciativas de agricultura sostenible para satisfacer las necesidades de seguridad alimentaria y asegurar que las leyes sobre manejo de vida silvestre sean mejoradas y acatadas”.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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