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Nota del editor: El título de este blog (anteriormente “Lanzan mapa detallado del ciclo del carbono forestal y funcionamiento de los bosques mundiales”), fue modificado el 20 de febrero a pedido de los encargados del estudio.

Los bosques son cruciales en los esfuerzos globales para prevenir el cambio climático y sus peligrosos efectos. A medida que la comunidad mundial determina qué priorizar en la búsqueda de soluciones contra  los retos que se avecinan, conocer qué bosques están ganando y cuáles perdiendo carbono, y por qué, es una pieza muy importante del rompecabezas.

Sin embargo, hasta ahora, los datos sobre las ganancias y pérdidas de carbono en los bosques del mundo estaban disponibles de forma fragmentada, poco comparable y poco consistente a lo largo del tiempo, dificultando la toma de decisiones sobre el uso de la tierra, desde la escala local hasta la internacional.

“Creo que muchas de las decisiones que se toman dentro del Acuerdo de París [de la ONU] [sobre el cambio climático] se basan en conjuntos de datos incompletos, porque provienen de inventarios nacionales de gases de efecto invernadero, que con frecuencia están incompletos”, dice Rosa Roman-Cuesta, investigadora asociada del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

“Muchos países no reportan todas sus actividades forestales ni  todos los compartimientos forestales donde el carbono tiene un rol (biomasa aérea, biomasa subterránea, hojarasca, madera muerta caída y carbono orgánico en suelo). Esto conduce a una inconsistencia entre lo que informan los países, lo que ofrecen los modelos globales y lo que se capta en las concentraciones de CO2 en mediciones la  atmosféricas. Como científicos, nuestro papel es ayudar a cerrar esta brecha y apoyar con datos más completos de cara al inventario global de emisiones (global stocktake) que se realizará en el 2023 y cada cinco años, bajo la  Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)”.

Roman-Cuesta, como parte de un equipo de científicos de CIFOR, y junto con investigadores de la NASA Goddard, NASA Jet Propulsion Lab, The Sustainability Consortium, University of Maryland, Wageningen University & Research (WUR), Woodwell Climate Research Center y World Resources Institute (WRI), esperan solucionar esa discrepancia con un innovador conjunto de mapas de flujo de carbono forestal para el Planeta, que acaban de publicar en la revista Nature Climate Change y que han sido puestos a disposición del público en el sitio web del Global Forest Watch.

“Ahora tenemos los ojos en todas partes para monitorear los cambios de la cubierta forestal y las reservas de carbono a nivel mundial”, dice Sassan Saatchi, científico principal del programa de Ciclo de Carbono y Ecosistemas del  Jet Propulsion Lab de la NASA y coautor de la investigación, en un comunicado de prensa.

El equipo utilizó una combinación de mediciones terrestres y observaciones satelitales para obtener el primer conjunto de datos completo y consistente en el tiempo (2000-2019) de flujo de carbono forestal en el planeta. Los datos tienen en cuenta la reserva total de carbono proporcionada por los cinco compartimientos forestales relevantes en los bosque del planeta (mencionados anteriormente). “Estos mapas, con las debilidades que puedan tener, ofrecen datos completos, consistentes y sobre todo comparables, para todos los biomas forestales del planeta. Además, se ofrece información sobre los motivos de las emisiones y las absorciones de carbono forestal, bien sea por cambio de uso del suelo asociado al avance de agro-productos de alto valor comercial (soja, palma aceitera, caucho, etc.), deforestación por extracción de madera, incendios, regeneración natural, etc.

Estoy representa información nueva y valiosa no solo sobre dónde se encuentran los puntos críticos para la acción en los bosques de todo el mundo, sino también que los están causando”, dijo Roman-Cuesta.  “Por ejemplo, para zonas afectadas por incendios, el manejo integral del fuego, como ejemplo de soluciones basadas en naturaleza sería una forma efectiva de reducir las emisiones; mientras que las emisiones por deforestación podrían abordarse mediante  inventivos para evitar la conversión de los bosques, o promocionar la regeneración natural, o promocionar prácticas de reforestación.

“Datos completos y comparables de flujo de carbono forestal planetario es algo que nosotros, en la comunidad forestal basada en sensoramiento remoto, llevamos trabajando por muchos años, pero que era un gran reto científico y computacional hasta ahora” comenta Martin Herold, otro coautor y profesor de Ciencias de la Geo-Informacion y Sensoramiento Remoto en la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos. “Estos mapas son los más detallados y actualizados que se han producido. En este sentido ofrecen una contribución real a mejorar nuestro entendimiento del ciclo forestal del carbono, el funcionamiento de los bosques y sus interacciones con el clima”.

“Muchos países no tienen este nivel de detalle sobre sus emisiones forestales. Ahora pueden usarlos para orientar a los tomadores de decisiones sobre preguntas claves sobre donde actuar y como reforzar sus acciones de mitigación al cambio climático”.

Los investigadores encontraron que los bosques del planeta absorben el doble de carbono del que liberaban cada año, aunque esta contribución se debe principalmente a los bosques templados y boreales. Los bosques tropicales en el periodo 2000-2019 han sido emisores netos de carbono. Detrás de las emisiones forestales, sigue estando la deforestación y la degradación, que se va acelerando, además, con el incremento de eventos climáticos extremos como sequias y olas de calor.

“Los bosques actúan como una carretera de doble dirección en el sistema climático”, dice Nancy Harris, coautora y directora de investigación de WRI, en el comunicado de prensa. “Los bosques en pie absorben carbono, pero la tala de bosques lo libera a la atmósfera. Una vista detallada de dónde están ocurriendo ambos fenómenos (emisiones y absorciones de los bosques) agrega transparencia al monitoreo de las políticas climáticas relacionadas con los bosques”.

Por ejemplo, el hecho de que el 27 % de los sumideros netos de carbono forestal del mundo se encuentran dentro de áreas protegidas resalta la importancia de priorizar su conservación continua, dice Herold. Mientras tanto, el hallazgo de que los bosques tropicales en el Sudeste Asiático se han convertido colectivamente en una fuente neta de carbono, debido a la tala para establecer agroproductos de alto valor comercial, los incendios incontrolados y el drenaje de turberas, subraya la importancia de llamar la atención internacional sobre la degradación en esta región, dice el documento.

El detalle proporcionado por los mapas ofrece oportunidades importantes para que el desarrollo de políticas y los responsables de la toma de decisiones elijan de forma eficiente y efectiva dónde y cómo actuar en sus bosques.

Los mapas muestran una imagen no solo de dónde se está produciendo la pérdida de carbono, sino también de lo que la impulsa: desglosan las contribuciones de la producción de productos básicos, la agricultura migratoria, la extracción de madera o los incendios. Esa información adicional ayudará a los responsables de la toma de decisiones a determinar qué tipo de intervención es necesaria, dice Roman-Cuesta: por ejemplo, las soluciones basadas en la naturaleza para el manejo de incendios serían apropiadas en áreas donde las emisiones provienen principalmente de incendios; mientras que las emisiones de la deforestación podrían abordarse mediante la conversión evitada de bosques y la regeneración natural, o prácticas de reforestación asistida.

A medida que los países y las organizaciones de todo el mundo se preparan para expandir la cobertura forestal de acuerdo con iniciativas como la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los ecosistemas 2021-2030 y el Desafío de Bonn, esta investigación también puede ayudarlos a decidir si dedicar las tierras a recuperar para plantaciones, agroforestería, regeneración natural o asistida, dado el potencial relativo de captura de  carbono de cada uno de estos sistemas y su contribución a compromisos de mitigación globales como las  NDC (Contribuciones Nacionalmente Determinadas) bajo El Acuerdo de París.

“Muchos países dicen, ‘no sabemos realmente cuánto podemos cuantificar para las NDC, porque no estamos seguros de cuánto carbono emiten o capturan nuestros bosques’”, dice Roman-Cuesta.

“Bueno, ahora podrán tener una mejor respuesta. Y ese conocimiento contribuirá tanto a la mitigación como a la adaptación, porque la cantidad de hectáreas que termines colocando en una categoría u otra definitivamente tendrá un efecto sobre la biodiversidad, el agua y otros servicios ecosistémicos clave”, agrega.

“Estos mapas también pueden contribuir de forma indirecta a la prevención de pandemias zoonóticas. Pues, con una resolución de 30m por pixel, los mapas de emisiones informan sobre los puntos críticos donde los bosques están siendo más atacados por deforestación y degradación informando indirectamente de las regiones que están sufriendo de mayores danos y fragmentación forestal.  En esas áreas, hay una alta probabilidad de que se aumente el contacto entre la fauna silvestre y los humanos”, explica Roman-Cuesta. “Y es muy probable que estemos promoviendo la aparición de más enfermedades zoonóticas, como es el caso de la malaria zoonótica en Asia”.

La accesibilidad de los mapas es también un enorme apoyo a la transparencia de los reportes de emisiones- dice Herold.

“Básicamente, la gente puede monitorear los bosques ‘en su propio jardín’, y también en el de todos los demás, y averiguar cuál es la situación del carbono forestal. Los mapas son muy detallados a escala global: obtienes el mismo nivel de detalle si miras la cuenca del Congo o en algún lugar de la Amazonía brasileña, o en tu jardín en los Países Bajos”. “Eso significa que los ciudadanos, las organizaciones medioambientales no gubernamentales, los periodistas, los inversores y otras partes interesadas pueden acceder a los mismos datos que los gobiernos y las organizaciones internacionales, y pueden utilizarlos para hacer preguntas y pedir cuentas a los líderes mundiales y a las empresas privadas.

“Esperamos que, con el acceso a esta nueva información forestal, todos los actores que deben dirigir los cambios transformacionales necesarios para abordar el cambio climático y la deforestación mediante acciones de restauración y  soluciones basadas en naturaleza tengan un nivel común de entendimiento”, dice Herold. “Si todos tenemos el mismo nivel de información, las personas podrán sentirse más cómodas para avanzar. Y también confiar en que cualquier acción forestal que no vaya en la dirección correcta será detectada ya que estos datos se actualizarán regularmente para ayudar a rastrear las acciones relacionadas con los bosques, manteniendo el alto nivel de detalle espacial y temporal”.

Ahora que los mapas están disponibles en línea, los científicos esperan poder actualizarlos con regularidad, cada año, o incluso con más frecuencia si es posible, dice Herold.

“Si aumentamos el nivel de detalle temporal ahora, haríamos estos datos aún más implementables/operativos, ya que realmente podríamos rastrear mucho más rápidamente lo que está ocurriendo y dónde”.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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