Análisis

COVID-19: cómo la naturaleza interviene para volver a llenar los ‘bosques vacíos’ cuando los animales desaparecen

Necesitamos una idea más precisa de lo que sucede cuando la naturaleza es alterada
Un Pangolín en la reserva Madikwe Game en Sudáfrica. Foto bajo licencia Creative Commons. David Brossard

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“No debemos dejar que un bosque lleno de árboles nos haga creer que todo está bien”.

Esta advertencia de Kent Redford dio un giro a las ideas sobre la conservación forestal cuando fue publicada en un estudio titulado “El bosque vacío”, en la revista BioScience hace casi 30 años.

“Muchos de estos bosques están ‘muertos en vida’ y, a pesar de que los que satélites que los sobrevuelan los registran alentadoramente como tales, carecen de mucha de la riqueza en fauna que es apreciada por los humanos”, escribió Redforf en referencia a bosques en pie aparentemente saludables.

“Un bosque vacío es un bosque condenado”, dijo Redford.

En la actualidad, en medio de las discusiones sobre la pandemia del COVID-19 y su relación con los animales silvestres y la deforestación, su ensayo histórico sugiere otra repetición potencial a medida que se busca el origen del nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

Se ha planteado ampliamente la hipótesis de que el virus es zoonótico, que se originó en los murciélagos y  pasó a través  de otro animal, posiblemente un pangolín o un perro, antes de llegar a los humanos en un mercado de Wuhan, China.

En CIFOR, nuestro trabajo sobre virus y bosques estudia las condiciones que hacen posible esa transmisión.

En un documento publicado en 2016 en Mammal Review, identificamos la zona de distribución de la enfermedad mortal del Ébola en la cuenca del Congo, lo que fue un paso importante para entender los factores de riesgo que conducen a nuevos casos. Nuestro trabajo incluyó la identificación de países libres del virus del Ébola pero “en riesgo” para establecer un medio potencial y lograr niveles adecuados de preparación ante una pandemia.

En la actualidad, la República Democrática del Congo está luchando contra la segunda mayor epidemia de la enfermedad del Ébola de la que se tiene registro, con más de 3300 casos confirmados, más de 2260 muertes y 1169 sobrevivientes, desde que se declaró el brote en agosto de 2018, según los datos  de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En un estudio publicado  en Nature en 2017, demostramos que la mayor probabilidad de que ocurra un brote del virus del Ébola está conectada a la deforestación, y que el riesgo de brotes en el futuro podría reducirse por medio de la conservación forestal.

Si bien nuestros hallazgos muestran que las condiciones favorables máximas para el virus del Ébola y la más alta ocurrencia de casos de  transmisión desde otros animales hacia los humanos (de la que se tiene registro) está en las selvas tropicales, nuestros mapas demuestran que en los límites forestales y zonas cercanas, la enfermedad se desplaza libremente entre las personas.

Se necesitan análisis y estudios adicionales sobre la interrelación entre humanos y animales silvestres para definir zonas en las que las poblaciones humanas están en riesgo de transmisión zoonótica del virus del Ébola. En esta labor, nuestros modelos existentes pueden usarse como base para delimitar el contexto geográfico.

A medida que se entienden mejor los factores de transmisión zoonótica del virus del Ébola, será posible incluir esta información en análisis futuros de mapas de riesgo y desarrollar medidas de mitigación o prevención.

Nosotros ya hemos dado pasos en esta dirección.

En un trabajo publicado en Mammal Review a fines del año pasado, demostramos que la deforestación puede acelerar la propagación de la enfermedad del Ébola en los bosques tropicales de África Occidental y Central, al aumentar la interacción entre humanos y murciélagos.

Sugerimos que cuando estos voladores frugívoros son perturbados por las actividades humanas que llevan a la deforestación, sus hábitats se expanden, se incrementa su contacto con las personas e influyen en la propagación de la enfermedad.

NUEVA VIDA SURGE

Treinta años han pasado rápidamente y la idea de Redford es más cierta que nunca.

Los bosques vacíos, despojados de biodiversidad natural por intromisiones a gran escala (como la extracción, la industria y la agricultura), son agotados por la deforestación generalizada y la degradación de los paisajes.

Sugerimos que cuando las especies que son presa (particularmente los mamíferos grandes), son extraídas por medio de la caza, el balance entre los patógenos y sus huéspedes se altera hasta el punto en que los virus y las bacterias que causan enfermedades pueden saltar entre diferentes animales e incluso a los humanos.

Para abordar este fenómeno, nuestro objetivo es iniciar un esfuerzo de investigación importante para mapear las ubicaciones de los “paisajes concurridos” donde los nuevos virus han emergido durante el último siglo, conectándolos e investigando cualquier patrón consistente que se encuentre en los paisajes forestales.

A través de la investigación de la enfermedad del Ébola y los bosques, se ha establecido la base para este trabajo. Ahora, necesitamos análisis adicionales que se centren en la interrelación entre humanos y animales silvestres para delimitar zonas en las que las poblaciones humanas están en riesgo de transmisión zoonótica de enfermedades.

Por medio de este trabajo, tenemos el potencial de incorporar información dentro de los análisis de mapas de riesgo y de ayudar a los gobiernos a desarrollar medidas de mitigación y prevención.

En general, los expertos están de acuerdo en que el número de enfermedades infecciosas que se transmiten de animales a humanos está en aumento. Varios estudios han examinado las causas potenciales, incluyendo la identificación de los paisajes dominados por el hombre donde las especies animales han incrementado su número y se han adaptado, como un factor potencial.

Por ejemplo, en zonas donde los hábitats y las dietas de los humanos y de los animales silvestres se superponen, en entornos agrícolas o urbanos.

Con cerca de la mitad de la población humana mundial viviendo en contextos urbanos, es probable que especies como las ratas y otros roedores continúen siendo una fuente significativa de transmisión de patógenos zoonóticos, según los investigadores del   de la  Universidad de California, Davis y la  Facultad de Ciencias Veterinarias y Agrícolas en la Universidad de Melbourne, en Australia.

Sin embargo, en un estudio divulgado esta semana, científicos de la Universidad de Glasgow en Escocia, informaron que los grupos de animales con más especies tienden a tener más virus, y como consecuencia, un mayor número de virus con potencial para pasar a los humanos.

Ellos sugieren que la investigación debería centrarse en las características de los virus que podrían aumentar su capacidad para saltar a las personas y considerar cómo el papel del comercio de animales silvestres y de los cambios medioambientales podría conducir a un mayor contacto entre humanos y animales y, por lo tanto, con más virus.

En “El bosque vacío”, Redford escribió que, por definición, los biólogos conservacionistas están preocupados por la extinción. Y señala que hay varios tipos de extinción, como la mundial, local y ecológica.

Define la extinción ecológica como “la reducción de una especie a un nivel tan bajo que a pesar de que está aún presente en la comunidad, ya no interactúa con otras especies de forma significativa”.

Pero ¿Qué pasa si la única opción es interactuar con y competir con los seres humanos? ¿Qué sucede entonces con el orden natural de las cosas?

Los animales desempeñan un papel clave en los bosques, brindando servicios ecosistémicos, dispersan polen y semillas y regulando las poblaciones de otros animales, patógenas y plagas. También proporcionan proteínas y grasas esenciales a millones de personas.

Por esta razón, necesitamos obtener una idea más precisa de lo que sucede cuando la naturaleza es alterada.

No debemos permitir que nuestro enfoque en los paisajes concurridos a causa de las intervenciones humanas nos distraiga del potencial devastador sobre la salud humana que tienen los cambios ecológicos que están ocurriendo en los bosques.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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