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Expertos: Los planes de recuperación del COVID-19 deben proteger a los bosques

La respuesta global a la llamada triple crisis: de salud, del clima y de la biodiversidad necesita de los bosques
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Chandra Shekhar Karki/CIFOR

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    Los planes de recuperación de la pandemia del COVID-19 deben conservar los ecosistemas forestales y transformar los sistemas agrícolas para garantizar la seguridad alimentaria en un contexto de crisis climática y de biodiversidad. Así lo destacaron expertos de la FAO, ONU Medio Ambiente e ICRAF durante la conferencia digital Global Landscapes Forum Bonn 2020, realizada recientemente.

    Durante una sesión sobre el papel de los bosques en la respuesta global a la llamada triple crisis: de salud, del clima y de la biodiversidad, panelistas analizaron recientes datos sobre el estado de los bosques del mundo e hicieron un llamado a los gobiernos a crear planes de estímulo y recuperación que se enmarquen en los diversos compromisos internacionales, incluyendo los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el Acuerdo de París y las Metas Aichi para la Biodiversidad.

    “Alimentar a la humanidad y conservar los ecosistemas forestales son objetivos complementarios e interdependientes, y debemos tratarlos como uno solo”, afirmó Mette Wilkie, directora de Política Forestal y Recursos de la FAO. “Necesitamos una planificación integrada de los usos del suelo, pero ello debe estar apoyado por una buena alineación de las políticas de diversos sectores, y por subsidios que promuevan el uso sostenible y la conservación de los recursos naturales”.

    Según explicó, los sistemas de producción de alimentos dependen de los bosques y de su biodiversidad –son los ecosistemas terrestres con mayor diversidad de especies—.

    Por ejemplo, tres cuartas partes del agua dulce procede de cuencas boscosas, incluyendo el agua para irrigar cultivos, y el 35% de los productos alimentarios dependen de la polinización llevada a cabo por animales, muchos de los cuales viven en bosques.

    Mil millones de personas dependen de los alimentos silvestres para sobrevivir en todo el mundo, y más de 65 millones de personas recolectan este tipo de productos en la Unión Europa, según los recientes informes del informe “El estado de los bosques del mundo 2020” y la “Evaluación de los recursos forestales mundiales 2020”.

    El coordinador de este último y experto de la FAO, Anssi Pekkarinen, señaló que la expansión agrícola sigue siendo el principal motor de deforestación, fragmentación de bosques y pérdida de biodiversidad a nivel global. De acuerdo con los datos, la agricultura a gran escala supone el 40 % de la deforestación mundial y la agricultura de subsistencia, el 33 %. Las grandes explotaciones agrícolas predominan como factor de deforestación en América Latina, mientras en África son los cultivos de subsistencia.

    “Debemos transformar los sistemas de producción de alimentos a través de prácticas como la agroforestería y la intensificación sostenible, además de buscar un equilibrio entre conservación y uso responsable de los bosques, además de restaurar los paisajes a gran escala”, destacó Wilkie.

    “También necesitamos que el sector privado adopte modelos de negocio sostenibles desde un punto de vista ambiental y económico, comprometiéndose a cadenas de valor libres de deforestación”.

    Otros aspectos importantes para considerar, dijo, son una buena gobernanza, seguridad en la tenencia de tierras, modalidades de financiación innovadoras y respeto por los derechos y conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas.

    El director general de World Agroforestry (ICRAF), Tony Simons, señaló que una forma de reducir la presión sobre los bosques es lograr que por lo menos un 40 % de las tierras agrícolas tengan un 10 % de cobertura arbórea. “Plantar árboles en las granjas de los pequeños agricultores les da acceso a servicios y productos de los bosques como frutos, madera, medicinas y regulación del clima local”.

    Mejorar el sustento y calidad de vida de los pequeños agricultores es esencial para que se decidan a adoptar prácticas más sostenibles, subrayó Simons.

    El responsable de ONU Medio Ambiente para el programa ONU-REDD+, Gabriel Labbate, se refirió a la importancia de conservar los bosques para, entre otras cosas, reducir el riesgo de futuras enfermedades zoonóticas y epidemias. “En nuestro trabajo vemos muchos escenarios que son solo una posibilidad hasta que ocurren de verdad, y la pandemia del COVID-19 es un ejemplo de ello”, afirmó.

    “Estamos empezando a andar por el buen camino, pero tenemos que aumentar la velocidad y la escala de nuestros esfuerzos de forma significativa, y tenemos que hacerlo ahora” por el bien del planeta y de las personas, finalizó.

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    Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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