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Un nuevo estudio ha logrado una serie de “hitos” en el proceso de comprender la relación entre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la degradación en las turberas de pantanos de palmeras de la cuenca del Pastaza-Marañón, en Perú.

Las turberas de pantanos de palmeras, que se encuentran dominadas por la palmera Mauritia flexuosa, almacenan enormes cantidades de carbono. Sus condiciones de anegamiento permiten que la materia orgánica del suelo se descomponga lentamente y se acumule a lo largo de miles de años.

A pesar de su importancia, este ecosistema sigue siendo en gran medida poco comprendido y estudiado. Es por ello que entre 2015 y 2018, un equipo colaborativo de instituciones de investigación liderado por el Centro para la Investigación Forestal Internacional, parte de CIFOR-ICRAF –y  con la colaboración del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP)–, dio inicio al primer estudio a largo plazo sobre los flujos de  óxido nitroso (N2O) y metano (CH4) del suelo en los pantanos de palmeras de la Amazonía peruana. Además, el estudio fue uno de los primeros en observar cómo estas emisiones de GEI varían con los diferentes niveles de degradación forestal.

“Nuestra investigación ofrece datos realmente importantes para el país [Perú] si este quiere reportar sus emisiones provenientes de turberas”, señaló Kristell Hergoualc’h, autora principal del estudio y científica principal de CIFOR. “Hasta ahora, los factores de emisión predeterminados para las turberas, se tomaban de las directrices del IPCC, que se desarrollaron utilizando datos de turberas en el Sudeste Asiático. Ahora se trata de estimaciones sólidas y desarrolladas localmente que los responsables de la formulación de políticas y los gobiernos pueden utilizar en sus informes nacionales”.

La relación degradación – emisiones

Una de las principales causas de degradación en los pantanos de palmeras, conocidos localmente como “aguajales”, es la cosecha no sostenible de frutos de aguaje. Estos frutos crecen en las palmeras de M. flexuosa y son ingredientes principales de bebidas y recetas tradicionales. Debido a que la fruta crece a gran altura, a menudo lo más sencillo es cortar toda la palmera para cosecharla. Dicha degradación forestal ha producido efectos medibles en el paisaje.

Según un estudio de 2017 que analizó un área de muestra de 350 000 ha en Perú, el 31 % de los pantanos de palmeras se encuentran severamente degradados, el 42 % están moderadamente degradados y el 27 % tienen bajos niveles de degradación. Estos niveles de degradación podrían afectar la proporción del mosaico natural de montículos de pantanos de palmeras (áreas elevadas formadas por las estructuras de las raíces de las palmeras) y huecos (las áreas bajas e inundadas en el medio). En su publicación más reciente, Hergoualc’h y su equipo plantearon la teoría de que las emisiones de GEI podrían verse afectadas por cambios continuos en las microtopografías a nivel de sitio, así como por cambios a nivel macro, que combinan mediciones a microescala con densidad de árboles.

“En Indonesia, la proporción de montículos a huecos es de aproximadamente 50:50”, indicó Hergoualc’h. “En nuestro estudio, que también ayudó a cuantificar esta proporción para las turberas de pantanos de palmeras de América del Sur, los huecos constituían más del 80 % de la superficie total. Estas diferencias ambientales entre el Sudeste Asiático y América del Sur, además de los gradientes de degradación, podrían afectar la cantidad de emisiones de GEI que se libera de las turberas”.

El factor precipitaciones

Durante el periodo de tres años del estudio, el equipo examinó tres sitios que representaban un sitio sin degradar (intacto), un sitio moderadamente degradado (mDeg) y un sitio muy degradado (hDeg). Midieron los flujos de óxido nitroso (N2O) y metano (CH4) del suelo junto con parámetros ambientales como la temperatura, la profundidad del nivel freático (WT) y el espacio poroso lleno de agua (WFPS) en el suelo.

Aunque los niveles de degradación condujeron a cambios en las emisiones de GEI a microescala, hubo poco o ningún cambio en las emisiones a nivel macroescala, según el estudio. Por el contrario, los niveles de agua cumplieron un papel importante en los flujos de GEI en los tres sitios.

Las tasas netas de nitrificación del suelo y los niveles de WT y WFPS influyeron de manera significativa en las emisiones de N2O. Además, el equipo de investigación halló una fuerte relación entre las emisiones de CH4 y las precipitaciones: más lluvia conduce a mayores emisiones de CH4. Esto se debe a que la falta de oxígeno en los pantanos de palmeras inundados estimula a los microorganismos a producir más CH4 del que consumen.

Las imágenes satelitales ya han demostrado que los humedales tropicales de América del Sur tienen mayores emisiones de CH4 que los del Sudeste Asiático tropical. Sin embargo, el vínculo que este estudio encontró entre las precipitaciones y el CH4 es importante si se considera que las estimaciones del cambio climático para esta región de América del Sur predicen aumentos a largo plazo en las precipitaciones. Por lo tanto, el estudio sugiere que las emisiones en los pantanos de palmeras también experimentarán aumentos a largo plazo.

“Ya existía una preocupación mundial por el aumento de las emisiones de metano por el derretimiento del permafrost asociado con temperaturas globales más altas”, indicó Hergoualc’h. “Para el caso de la Amazonía, aún no tenemos muchos datos, pero nuestro estudio muestra que una mayor cantidad de precipitaciones debido al cambio climático podría ser una causa más del aumento de las emisiones de metano”.

Además, los científicos encontraron que los niveles de N2O en los pantanos de palmeras peruanas eran considerables, a pesar del ambiente inundado de agua. Normalmente, se esperaría que los niveles reducidos de oxígeno en los pantanos causen que el N2O se reduzca a N2, lo que lleva a una cantidad mínima de emisiones. Sin embargo, las emisiones de N2O en las turberas se han mantenido elevadas, lo que va en contra de lo que indica la intuición, comentó Hergoualc’h.

La magnitud de las emisiones de ambos gases observada en este estudio, así como su correlación con los niveles de agua de las turberas, resalta la necesidad de mejorar el modelado biogeoquímico de estos GEI, según el estudio.

Para el caso de la Amazonía, aún no tenemos muchos datos, pero nuestro estudio muestra que una mayor cantidad de precipitaciones debido al cambio climático podría ser una causa más del aumento de las emisiones de metano”

Kristell Hergoualc’h, autora principal del estudio y científica principal de CIFOR

El camino por seguir

Aunque Hergoualc’h señaló que los hallazgos de este estudio pueden no ser representativos para todos los sitios en la Amazonía, es un primer paso hacia la comprensión de cómo estos contribuyen a mitigar o agudizar el cambio climático.

“Estamos trabajando con el gobierno peruano porque quieren incluir a las turberas en sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés)”, explicó Hergoualc’h. “Quieren saber cuánto podrían reducir las emisiones de GEI si implementan un plan para el manejo sostenible de estos bosques”.

El conocimiento específico del contexto que proporcionan estudios como este ayuda a respaldar cambios de políticas sostenibles a nivel nacional y más allá. En ese sentido, durante la COP26 en Glasgow, un representante del Ministerio del Ambiente del Perú destacó las oportunidades de inversión privada en los aguajales peruanos que fomentarían prácticas sostenibles de recolección de frutos.

Las oportunidades intersectoriales como estas, que reúnen a los responsables de la formulación de políticas, las comunidades locales, las corporaciones y los científicos, son fundamentales para el desarrollo de cadenas de valor sostenibles y para la restauración de las turberas.

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