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La visión de lenguas de fuego que se extienden sobre el pasto seco o suben como espirales sobre los árboles de un paisaje generalmente provoca miedo, pánico o tristeza. Pero el fuego no es siempre algo malo: en muchos de los ecosistemas secos del mundo, cierto nivel de quema es saludable, y en algunos casos, hasta necesario.

De hecho, muchas especies están adaptadas al fuego y varias no pueden prosperar sin él: los árboles de eucalipto, por ejemplo, no pueden liberar sus semillas sin quema de por medio. Más aún, si se provocan incendios a inicios de una temporada seca para quemar materia inflamable mientras aún es manejable, se puede reducir la probabilidad de incendios más grandes, más intensos y fuera de control más adelante.

Esa es la razón por la que, para muchas comunidades indígenas y rurales, el fuego es una herramienta que -usada en los lugares y momentos apropiados- puede repoblar los ecosistemas y mitigar los daños. También puede ayudar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) ya que el fuego a inicios de estación arde con menos intensidad y contribuye a manejar los incendios que se producen más tarde en la temporada, al disminuir el acumulamiento de material inflamable. Y como tal, puede ser un elemento de las contribuciones nacionalmente determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) del   Acuerdo de París de la ONU sobre cambio climático.

Las tierras áridas de Australia son un buen ejemplo. “Hasta hace unos 200 años, los propietarios indígenas de tierras recorrían el país encendiendo fuego tal como lo habían hecho en los últimos 50 000 años, pero, cuando fueron sacados de sus tierras durante la colonización, el patrón de incendios en el país pasó de ser un proceso muy variado a tener incendios forestales masivos al final de la estación seca”, explicó Geoff Lipsett-Moore, jefe de Conocimiento y  Alianzas de Cape York Natural Resource Management en el reciente seminario web  Manejo de incendios forestales, emisiones y NDC en los trópicos secos” del Centro para la Investigación Forestal Internacional  y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Actualmente, las comunidades indígenas del norte de Australia, en colaboración con organizaciones como la de Lipsett-Moore, están empezando a cambiar el rumbo al mitigar los incendios de finales de estación con el uso de quemas prescritas (o también llamadas quemas controladas) y demandando créditos de carbono en el proceso.

“Hemos visto un aumento importante tanto en áreas con manejo como en los ingresos de las comunidades desde que empezamos este trabajo en 2006, y una reducción fundamental en los incendios de finales de  estación”, dijo Lipsett-Moore. “Ha sido absolutamente transformador”.

El seminario web, que presentó a expertos de todo el mundo, abordó la forma en que las prácticas como esta podrían emplearse a un nivel más amplio y contribuir de manera útil a las NDC de los países. El evento se enfocó en los ecosistemas tropicales secos por varias razones: son zonas en las que algún nivel de quema es beneficioso, pero que parecen estar padeciendo de aumentos desproporcionados en la frecuencia y tamaño de los incendios.

Mientras que la atención de los medios sobre los incendios en los últimos años se ha centrado casi exclusivamente en los “carismáticos” ecosistemas tropicales húmedos como la Amazonía, un estudio reciente desarrollado por CIFOR con el apoyo de la USAID, demostró que los incrementos más importantes en cuanto a áreas quemadas se han producido en los menos conocidos ecosistemas tropicales secos, como el Cerrado del Brasil, el Chaco sudamericano, los bosques de miombo en el sur de África y los bosques secos de Indochina.

“Están siendo totalmente subestimados”, advirtió Rosa Roman-Cuesta, ecologista de bosques tropicales de CIFOR y moderadora del seminario web. “Los bosques tropicales están siendo mostrados en los medios de comunicación, pero no estamos viendo cómo los ecosistemas más secos están siendo afectados”, indicó. Ella estuvo a favor de que se aplique un enfoque de manejo integrado de incendios forestales (MIIF) en los trópicos secos. El MIIF es un abordaje sistemático para el manejo de incendios (forestales) que incluye tanto métodos “convencionales” como la prevención y extinción de incendios, así como quemas prescritas, participación comunal y aplicación de la legislación forestal.

Anja Hoffman, especialista en MIIF y consultora internacional, describió el cambio de paradigma que está sucediendo en todo el mundo y que va desde la extinción estricta de los incendios y las políticas de cero quemas hacia enfoques más integrales. Explicó cómo estas primeras políticas se originaron a partir de los bosques donde “el fuego era considerado un enemigo y la lucha contra los incendios era el abordaje principal para proteger los recursos forestales”, mientras que, en muchos otros lugares, el fuego es una herramienta esencial de la población rural para el manejo de los bosques y las tierras y sus sistemas de gestión de recursos. También enfatizó que un MIIF exitoso involucra a las comunidades locales y coordina las actividades entre un rango amplio de actores y partes interesadas: “Es transversal: no existe un departamento o institución única que haga todo, por eso se tiene que trabajar en conjunto”.

Los bosques tropicales están siendo mostrados en los medios de comunicación, pero no estamos viendo cómo los ecosistemas más secos están siendo afectados”

Rosa Roman-Cuesta, ecologista de bosques tropicales de CIFOR

En el Cerrado del Brasil –la sabana más rica en biodiversidad del mundo– están apareciendo algunos ejemplos útiles de MIIF. El bioma ha sido afectado negativamente en los últimos años por la deforestación y los incendios forestales frecuentes a finales de la estación, y aunque las comunidades indígenas han usado el fuego tradicionalmente como una herramienta de manejo, la mayoría de políticas y técnicas aplicadas en el área se han centrado en la extinción.

Lara Steil, coordinadora del Núcleo de Interagências e Controle de Queimadas del  Centro Nacional de Prevención y Combate de Incendios Forestales del Brasil (Prevfogo), compartió algunas de sus experiencias en el trabajo con comunidades indígenas que exploró el conocimiento tradicional sobre incendios y probó un enfoque MIIF en tierras indígenas, con gran éxito inicial. “Nuestros resultados preliminares sugieren que las quemas prescritas reducen la probabilidad de incendios forestales y hacen posible una menor tasa de mortalidad de los árboles si se compara con la extinción del fuego y los incendios forestales”, indicó.

Un proyecto de investigación conjunto entre CIFOR, USAID y la Alianza CGIAR sobre MIIF en el Cerrado brindó más evidencia sobre la eficacia del enfoque.

Jonas Franke, director gerente de la compañía alemana Remote Sensing Solutions, fue el encargado de emplear tecnología de observación de la Tierra para respaldar la investigación. Mostró evidencia (obtenida de satélites) sobre cómo el MIIF ha cambiado la estacionalidad de los incendios durante el período 2013-2020, reducido la probabilidad de que se produzcan incendios a mediados o finales de la estación hasta un 66 por ciento y disminuido considerablemente las áreas quemadas.

“Cuando comparamos los focos en las áreas protegidas con y sin MIIF, se puede ver que incluso las grandes temporadas de incendios fueron mitigadas por la quema prescrita”, manifestó.

También ofreció algunas estimaciones preliminares sobre el potencial de reducción de emisiones de este cambio, como la estimación de que, si Brasil aplicara el MIIF en todo el Cerrado, eliminaría casi tres megatones de dióxido de carbono equivalente por año.

El fuego ha sido parte de la ecología por al menos 200 000 años”

Natasha Ribeiro, ingeniera forestal de la Universidade Eduardo Mondlane

Al otro lado del Atlántico, con relación a los bosques secos de miombo que se extienden por el sur de África, Roland Vernooji, estudiante de doctorado en Vrije Universiteit Amsterdam, compartió los hallazgos de su investigación con  uso de drones para tomar muestras de las emisiones provocadas por el fuego y comparar los resultados de las quemas prescritas de inicios de estación con los de los incendios de finales de la misma en Ngamiland, Botsuana. A pesar de que la investigación no mostró una diferencia significativa en los factores de emisión (gramos de GEI emitidos por cada kilo de biomasa seca quemada) entre ambos, “hubo mucho más humo en los incendios de finales de la estación y el impacto en la vegetación fue mucho más severo”, explicó.

Cerca, en Mozambique, la experiencia del manejo del fuego refrenda lo sucedido en Brasil y Australia: en los bosques de miombo, que conforman hasta dos tercios de la cubierta forestal del país, “el fuego ha sido parte de la ecología por al menos 200 000 años”, afirmó Natasha Ribeiro, ingeniera forestal de la Universidade Eduardo Mondlane.

Sin embargo, el manejo contemporáneo de incendios en este país se centra en la extinción y no existe “una disposición clara sobre dónde y cuándo debería o no debería haber fuego”, dijo.

Las expectativas de Ribeiro para el cambio en el manejo de incendios en los bosques de miombo de Mozambique resumieron muchos de los mensajes claves del seminario web: “Me gustaría ver políticas más integrales y variadas en curso, que tomen en cuenta tanto las relaciones humanas y del ecosistema con los incendios”, señaló.

Para obtener más información sobre este tema, puede ponerse en contacto con Rosa Román Cuesta en R.roman@cgiar.org

Este trabajo fue posible gracias al apoyo de USAID.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería(FTA), que cuenta con el respaldo de los Donantes del Fondo CGIAR.
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