Columna del Director General

Paisajes para el desarrollo sostenible

La evolución del Día de los Bosques al Día del Paisaje en las próximas reuniones de la Conferencia de las partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que convoca a actores de los sectores de la agricultura y el desarrollo rural, ha desencadenado una serie de comentarios y preguntas. ¿Las cuestiones forestales van a permanecer visibles? ¿Y las cuestiones agrícolas? ¿Quién define la agenda? Y a todo esto, ¿qué entendemos por ‘paisaje’?
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La evolución del Día de los Bosques al Día del Paisaje en las próximas reuniones de la Conferencia de las partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que convoca a actores de los sectores de la agricultura y el desarrollo rural, ha desencadenado una serie de comentarios y preguntas. ¿Las cuestiones forestales van a permanecer visibles? ¿Y las cuestiones agrícolas? ¿Quién define la agenda? Y a todo esto, ¿qué entendemos por ‘paisaje’?

Este blog trata de dar respuesta a esta última pregunta y sugiere utilizar un enfoque analítico del paisaje en lugar de uno administrativo. También sugiere que el trabajo a nivel del paisaje no cuestiona a los sectores tradicionales sino que más bien ayuda a combinar sus esfuerzos para alcanzar un mejor resultado global.

Sin duda, el concepto de ‘paisaje’ tiene diferentes significados según las personas que utilizan el término. Los ecologistas hablan de la ecología del paisaje (Turner 1989), los geógrafos se centran en formas terrestres, los responsables de la planificación del uso del suelo trabajan con polígonos y zonas de amortiguamiento, los hidrólogos hablan de cuencas, existe un convenio del paisaje y –quizás el grupo más apreciado– los paisajistas ven el mundo con un ojo artístico. Básicamente y dicho de manera simple, un paisaje es ‘un área espacialmente heterogénea’ que puede ser grande o pequeña. Este concepto depende por lo tanto de los puntos de vista y los objetivos que le demos al paisaje.

Supongamos que la aplicación que deseamos darle es el desarrollo sostenible y que por consiguiente necesitamos hablar de ‘paisajes para el desarrollo sostenible’.  En general, se reconoce que el desarrollo sostenible tiene dimensiones sociales, ambientales y económicas. Debemos analizar entonces cómo los paisajes pueden contribuir a todas estas dimensiones, y cómo se ven afectados por este tipo de desarrollo. Los principios básicos de los enfoques del paisaje señalan que estos beneficios e impactos provienen de diferentes sectores (silvicultura, agricultura, etc.) y también que estos sectores se influyen mutuamente. Además, los beneficios e impactos no se limitan al paisaje físico; también los pueden recibir personas y ambientes lejanos. Esto significa entonces que estamos buscando soluciones en paisajes de múltiples escalas, actores y sectores. ¿No les parece esto muy complicado? ¿No deberíamos quedarnos con los sectores que ya conocemos y abordarlos de  manera ordenada uno por uno?

El problema es que así no vamos a encontrar mejores soluciones. Los límites entre sectores y dentro del paisaje van a obstaculizar el camino. En este sentido, la eliminación de estos limites y el uso de un análisis más complejo nos permitirá lograr mejor los múltiples objetivos generales (véase Holmgren y Thuresson 1997).

Para estimular el debate, sugiero utilizar un marco analítico simplificado con dos dimensiones. La primera es ‘desarrollo’: queremos lograr crecimiento económico, mayor equidad, mejor salud y nutrición y queremos todo esto tanto en el corto como en el largo plazo. La segunda dimensión es ‘resiliencia’: queremos lograr la conservación del medio ambiente, un mínimo impacto climático, una productividad sostenida de la tierra y manejar los riesgos a los medios de vida. Estas dimensiones resumen, en mi opinión, la aspiración del desarrollo sostenible. Además, es más fácil ilustrar dos dimensiones en lugar de tres (Figura 1).

Figura 1. Marco simplificado para el análisis del paisaje en el contexto del desarrollo sostenible y posible contribución de los usos de suelo.

La Figura 1 también presenta algunas aplicaciones del manejo de los recursos naturales en el paisaje. La conservación del medio ambiente proporciona una alta capacidad de resiliencia pero un bajo nivel de desarrollo. Y, a la inversa, los monocultivos y los monocultivos de árboles pueden ayudarnos a alcanzar un alto nivel de desarrollo pero una capacidad menor de resiliencia. A nivel del paisaje podemos, si somos lo suficientemente inteligentes, combinar estos y otros enfoques y alcanzar, al mismo tiempo, un alto nivel de desarrollo y una alta capacidad de resiliencia.

Aunque esto puede sonar bien presentado de manera simplificada, cabe aclarar que hay posibles obstáculos. Acercarse a los paisajes utilizando un marco analítico es algo abstracto y complejo. Independientemente de cual sea nuestro campo de experiencia, es posible que encontremos fuera de nuestra zona de confort y  que tengamos la urgente necesidad de aplicar otros pensamientos. Los siguientes párrafos nos pueden ayudar a resistir esa necesidad:

El primer obstáculo es suponer que el paisaje, en su conjunto, debe ser administrado y planificado. En consecuencia, se asume que un paisaje necesita estructuras y políticas de gobernanza que cuenten con un sistema de incentivos y penalizaciones. Porque de no ser así, ¿cómo podríamos controlar lo que sucede en el paisaje? Pero, desde el momento en que el paisaje se convierte en una unidad administrativa con límites, normas y regulaciones, es posible que perdamos el análisis dinámico que nos permita encontrar nuevas soluciones. Al emular estructuras de poder, el paisaje se convierte en un objeto sujeto a intervenciones, negociaciones y regulaciones. El análisis de las soluciones del paisaje nos debe conducir más bien a una mejor gobernanza y a mejores políticas a nivel de los sectores, ya que representan los pilares de las políticas. No debemos confundir las políticas sectoriales con los enfoques del paisaje.

El segundo problema es que a veces vemos al paisaje primordialmente desde una perspectiva biofísica y adoptamos un enfoque técnico para encontrar la combinación óptima de los usos de la tierra. Muchas veces, la historia institucional en los campos de la agricultura y silvicultura nos obliga a centrarnos en propiedades tangibles y manejables en el paisaje. Puede tratarse de la biodiversidad, la fertilidad del suelo, la hidrología, el almacenamiento de carbono, la regulación climática, productividad agrícola, infraestructura y los esquemas de manejo forestal. Todos estos son temas importantes pero también necesitamos enfocarnos en la economía social, la cultura, la democracia y las estructuras de poder, las finanzas y la banca, las instituciones, el sector privado, la migración, nutrición, educación y salud, en un palabra, en los aspectos relacionados con las ‘personas’. Sin una perspectiva integral, el análisis del paisaje no tendrá importancia.

El tercer obstáculo es limitar los enfoques del paisaje a los ‘comunes’. Existen muchas iniciativas y literatura sobre el importante tema de gobernar los recursos comunes (Ostrom 199), y por lo general se lo aborda a nivel del paisaje. En especial, cuando se trata de los bosques, se asume con frecuencia que se trata principalmente de recursos comunes o por lo menos controlados por el sector público (lo que no es cierto). Sin embargo, si adoptamos un solo enfoque a los comunes estaríamos limitando seriamente el análisis del paisaje. Más bien, incorporar y facilitar iniciativas responsables así como emprendimientos del sector privado son componentes esenciales de este enfoque. Miles de millones de personas son guardianes de los recursos naturales del mundo y todos se ganan la vida como ‘emprendedores del paisaje’. La agroindustria y la industria forestal desempeñan un papel importantísimo y deben formar parte de la ecuación. Las decisiones de todos estos actores serán las que determinen cómo los paisajes contribuyen al desarrollo sostenible.

Por último,  y para concluir, deberíamos aproximarnos a los paisajes para el desarrollo sostenible de una manera analítica e integral, y ellos deberían ser principalmente objeto de diálogo para mejorar las políticas que podrían aplicarse en diversos sectores. No deberíamos tratar de aplicar la administración o planificación a los paisajes, ya que podríamos acabar en la misma situación fragmentada que queríamos evitar en primer lugar. Lo que queremos es un manejo inteligente de los recursos naturales que nos permita alcanzar alto nivel de desarrollo y una alta capacidad de resiliencia. En este sentido las instituciones agrícolas y forestales podrían hacer un buen uso del tiempo analizando cómo lograr estos objetivos y cómo informar la formulación de políticas.

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Lecturas adicionales

Holmgren, P. and T. Thuresson. 1997. Applying Objectively Estimated and Spatially Continuous Forest Parameters in Tactical Planning to Obtain Dynamic Treatment Units. Forest Science 43(3): 317-326.

Ostrom, E. 1990. Governing The Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge University Press.

Turner, M.G. 1989. Landscape Ecology: The effect of Pattern on Process. Ann. Rev. Ecol. Syst. 20: 171-197. http://landscape.zoology.wisc.edu/People/Turner/Turner1989ARES.pdf.