La igualdad de género es esencial para la gestión sostenible de los recursos

Reflexiones y datos a propósito del Día Internacional de las Mujeres Rurales 2020
, Thursday, 15 Oct 2020
Marlon del Aguila Guerrero/CIFOR

Las mujeres rurales cumplen un papel esencial en el uso y la gestión de los recursos naturales en paisajes forestales y arbóreos de todo el mundo, o al menos deberían.

Cuando las mujeres pueden participar en la toma de decisiones y acceder de manera equitativa a los recursos y los beneficios, las políticas y los proyectos en el sector forestal suelen tener una mayor aceptación y mejores resultados. En cambio, las iniciativas que ignoran las diferencias de género o excluyen a las mujeres tienden a reforzar o incluso agravar las desigualdades existentes, señala un informe de 2017 del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

A pesar de ello, a lo largo de la historia el sector forestal ha prestado poca atención a las dinámicas de género, dice Markus Ihalainen, coordinador de género de CIFOR. Aunque se están produciendo cambios, queda mucho por hacer para abordar de manera adecuada las estructuras sociales y las relaciones de poder que producen o refuerzan las desigualdades.

Mientras la igualdad de género es un derecho humano y un requisito fundamental para lograr los objetivos de desarrollo sostenible, las mujeres siguen estando en desventaja y, a menudo, tienen menos poder que los hombres.

La toma de decisiones, el acceso a beneficios provenientes de los recursos forestales y arbóreos y la capacidad de responder de manera eficaz a cambios como la deforestación o la degradación de los paisajes forestales y arbóreos son algunas áreas en las que tales derechos pueden verse restringidos, dijo Ihalainen durante una entrevista con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales.

“Una crisis como la pandemia de COVID-19 ha dificultado las cosas para todos, por ejemplo, pero también sabemos que esos retos a menudo se ven agravados por desigualdades que pueden aumentar las vulnerabilidades o disminuir las capacidades de adaptación de ciertos grupos de una manera desproporcionada”, explicó Ihalainen.

Para abordar estos desafíos, Ihalainen y otros investigadores del sector forestal están tratando de entender cómo se dividen los roles, los derechos y las responsabilidades entre los hombres y las mujeres locales, en particular con respecto al uso de la tierra.

Las políticas que surgen de las recomendaciones de la investigación deben medir de qué manera se reparten los beneficios y, al mismo tiempo, tomar en cuenta varios otros riesgos relacionados con el género, dijo.

Los aportes de las mujeres rurales al desarrollo y la conservación deben estar respaldados por una remuneración justa por su trabajo y acceso a los recursos; deben ser reconocidas como actores fundamentales en la gobernanza sostenible de los recursos naturales.

Ihalainen compartió algunas ideas adicionales en esta entrevista:

 

  • ¿Por qué considera interesante este campo?

Pienso que hay varias cosas que hacen interesante la investigación sobre género y medioambiente. En primer lugar, para todos aquellos que quieren lograr un mundo más igualitario es muy difícil ignorar la omnipresencia de la inequidad de género prácticamente en todo el mundo. En zonas rurales, vemos transformaciones rápidas determinadas por cambios políticos, socioeconómicos y ambientales, en especial el cambio climático. Nuestro trabajo muestra que, si se dejan sin abordar, muchas de estas tendencias corren el riesgo de reforzar o incluso agravar la desigualdad de género.

A lo largo de la historia, el sector forestal en particular ha prestado poca atención a las cuestiones de género, pero creo que esto está comenzando a cambiar lentamente. Las personas se interesan cada vez más por comprender qué pueden hacer para lograr una mayor igualdad mediante su trabajo. Ser parte de este proceso y poder respaldarlo proporcionando evidencia empírica y recomendaciones relevantes es una gran motivación en mi caso.

 

  • Como investigador hombre, ¿enfrenta retos al estudiar a las mujeres rurales?

Creo que la comprensión de estas cosas es tan importante para los hombres como para las mujeres.

No se trata en realidad de estudiar a las mujeres rurales en sí, sino de comprender cómo las diferentes estructuras sociales y las relaciones de poder en diferentes niveles producen o refuerzan las desigualdades; estas desigualdades a menudo afectan a las mujeres rurales de una manera desproporcionada. Todos formamos parte de esas estructuras, querámoslo o no. Todos determinamos las estructuras sociales mediante nuestras acciones o ausencia de ellas.

Creo que uno de los aportes más importantes de la teoría feminista ha sido su crítica a la llamada objetividad científica: la idea de que el investigador es solo un observador neutral de la realidad. Nuestras ideas no están libres de nuestros prejuicios; están influenciadas por nuestro origen y estatus social, y creo que la mayoría de las personas que han realizado investigaciones de campo en un entorno intercultural pueden recordar alguna ocasión en la que sintieron que las circunstancias de la investigación se vieron influenciadas por la dinámica social entre el encuestado y el investigador. Como hombre blanco que trabaja en investigación de género sobre todo en África, este en definitiva es también mi caso, por lo que realmente aprendí sobre la importancia de trabajar con un equipo socialmente diverso. Un equipo de investigación diverso es importante no solo para superar las a veces difíciles dinámicas de poder de las entrevistas, sino también por la riqueza que aportan al análisis las diferentes perspectivas.

 

  • En su opinión, ¿cuáles son los principales problemas que enfrentan hoy las mujeres rurales?

Muchas de las tendencias generales que determinan o agravan los desafíos que las mujeres rurales enfrentan son problemas que nos afectan a todos, pero la distribución de los resultados es determinada por muchas dinámicas de poder que se entrecruzan, incluido el género. La pandemia de COVID-19 es un ejemplo de esto. Por ejemplo, hay estudios que sugieren que, como consecuencia de la pandemia, muchas mujeres rurales están asumiendo una parte desproporcionadamente alta de las labores de cuidados. Las restricciones de movilidad y las alteraciones de la cadena de valor pueden afectar de una manera desproporcionada a muchas ocupaciones en las que predominan las mujeres, entre ellas la comercialización y el trabajo ocasional en la agroindustria.

Además, las agricultoras a menudo tienen un acceso desigual a la tecnología de la información en comparación con sus pares masculinos. Esto puede hacer más difícil que las mujeres se conecten con otros actores de la cadena de valor, en especial cuando la movilidad física se encuentra restringida.

Por supuesto, el cambio climático es otro problema urgente. Como resultado de los esfuerzos de muchos años por parte de investigadores y grupos de defensa, al fin existe un reconocimiento relativamente generalizado de que las dinámicas y las desigualdades de género influyen en la manera en que las mujeres y los hombres rurales experimentan y enfrentan el cambio climático, aunque todavía queda un largo camino por recorrer en términos de garantizar que ese reconocimiento lleve a una acción eficaz sobre el terreno.

Por lo tanto, hay en definitiva muchos retos que las mujeres rurales enfrentan que requieren medidas urgentes, como mejorar su acceso a recursos y mercados o mejorar su seguridad laboral y ampliar la protección social. Pero esos retos son también indicadores de estructuras sociales profundamente desiguales.

Debido a una serie de desigualdades, muchas mujeres rurales están más expuestas a los impactos negativos de los acontecimientos en general, entre ellos la pandemia de COVID-19, el cambio climático y otras amenazas.

Aunque existe una necesidad urgente de abordar dichos impactos, no debemos perder de vista las estructuras y sistemas más amplios que mantienen a las mujeres rurales en una posición en la que siguen siendo más vulnerables. De lo contrario, cualquier nuevo arreglo o acuerdo —al margen de si está vinculado con la restauración, las energías renovables o alguna estrategia— será solo una “solución parche” y terminará reproduciendo las mismas desigualdades.

A medida que replanteamos nuestros sistemas de producción y valores para que la sociedad se mantenga dentro de la dona (o rosquilla) de Kate Raworth —un conjunto de límites sociales y planetarios para que la humanidad prospere en el siglo XXI—, realmente necesitamos asegurarnos de que la igualdad de género esté en el centro de estos esfuerzos.

 

  • ¿Qué lo inspira de las mujeres rurales a las que ha conocido durante su investigación?

He conocido a muchas mujeres que muestran una increíble capacidad de adaptación e innovación, a menudo en circunstancias extremas. Y aunque es realmente importante destacar las estructuras que determinan las circunstancias difíciles que estas enfrentan, la manera en que los medios presentan con frecuencia a las mujeres rurales, como víctimas pasivas, no les hace justicia. En otras palabras, centrarse en la marginación tiende a perpetuar una definición de las mujeres como sujetos pasivos, antes que como autoras activas de sus propios destinos. Deberían ser apoyadas mediante la creación de estructuras y procesos que mejoren sus capacidades para ejercer agencia y desafiar las estructuras que limitan ese espacio. Sin embargo, la adopción de medidas para reconocer la capacidad de representación de las mujeres tiene que ir más allá de las historias de interés humano y traducirse en un compromiso real y significativo con las mujeres rurales y sus aspiraciones.

 

  • ¿De qué manera pueden las mujeres rurales contribuir a la transición hacia una sociedad resiliente y con bajas emisiones de carbono?

Creo que es importante reconocer los aportes de las mujeres y los hombres rurales en la gestión de los recursos naturales. Por ejemplo, un estudio dirigido por la Iniciativa para los Derechos y Recursos [RRI por sus siglas en inglés] encontró que los pueblos indígenas gestionan cerca de 300 000 millones de toneladas métricas de carbono almacenado sobre y debajo de la superficie en sus tierras. Otros estudios realizados por CIFOR y otros han demostrado que los grupos de usuarios de recursos que son igualitarios con respecto al género a menudo tienen un mejor desempeño en términos de resultados de gobernanza y conservación.

Sin embargo, es igualmente importante reconocer que, aunque los pobres de las zonas rurales de países de bajos ingresos no son los culpables de la emergencia climática que el mundo enfrenta, a menudo son quienes deben enfrentar los impactos más graves y, como mencioné anteriormente, esos impactos a menudo son diferenciados por género y otros factores sociales. Por eso, hacemos hincapié en la necesidad de una transición justa en la que la igualdad de género sea un objetivo central.

Una transición justa requiere garantizar que las mujeres rurales tengan opciones y medios para hacer frente a los impactos del cambio climático, así como asegurar que tengan los derechos, los recursos y el apoyo necesarios para participar eficazmente en una sociedad con bajas emisiones de carbono de maneras que contribuyan a su empoderamiento y bienestar.

 

  • ¿Qué mensajes espera que lleguen a las personas en el Día Internacional de las Mujeres Rurales?

Este día fue establecido para reconocer el papel que desempeñan las mujeres rurales en la mejora del desarrollo rural. Sin embargo, a pesar de su rol fundamental en la producción agrícola y en garantizar la seguridad alimentaria de los hogares, las desigualdades de género —a menudo influenciadas por factores socioeconómicos transversales— continúan desempoderando a las mujeres rurales de una manera desproporcionada. Aunque ha habido numerosos compromisos y programas mundiales para aumentar la igualdad de género, el avance ha sido lento. La inminente transición hacia sociedades y sistemas de producción más resilientes y con bajas emisiones de carbono también ofrece la oportunidad lograr un gran avance en términos de igualdad de género, pero para eso se requiere que la equidad y la justicia estén en el centro de nuestras estrategias. Hay muchos datos y evidencia empírica en los que podemos basarnos; ¡necesitamos entrar en acción!

 

  • ¿Qué proyectos en particular lo entusiasman y dónde podemos obtener más información sobre ellos?

Hay varios proyectos que me parecen realmente interesantes. Dependiendo de las restricciones relacionadas con la pandemia de COVID-19, iniciaremos un trabajo de campo en Ghana para estudiar las dinámicas de género en diferentes sistemas de producción de aceite de palma. También estoy trabajando en temas relacionados con cadenas de valor de carbón vegetal en varios países africanos, y ha sido realmente interesante descubrir que las mujeres están participando mucho más de lo que indica la creencia generalizada. También estamos concluyendo un análisis longitudinal sobre la participación de la mujer en la fuerza laboral agrícola en Indonesia. Se están produciendo numerosos hallazgos interesantes: estén atentos al artículo que se publicará pronto. Por último, en asociación con EnGen Collaborative y una serie de organizaciones de la circunscripción de género del GLF, actualmente estamos desarrollando un módulo de aprendizaje en línea sobre la restauración de bosques y paisajes con perspectiva de género. Y aunque parece algo muy oportuno para estos tiempos de teletrabajo, creemos que será una herramienta realmente útil y atractiva para que los diferentes actores de la restauración mejoren sus capacidades para incorporar la perspectiva de género, incluso en el mundo post-COVID-19.